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DOMICILIO DESCONOCIDO

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Número 11

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Desde hace unos meses, un nuevo conocer trabajo a Betty; en una la Biblioteca única empleada Municipal que me hizo persiste allí desde la inauguración.

Prolija y eficaz solo en apariencia, bien peinada y encantadora.

Una vez por semana, Betty se propone reordenar los ficheros, modernizar algún formulario, rev isar el catálogo completo de volúmenes.

Y diez minutos después, ganada por Saturno y su melancolía, entiende que esas tareas tienen una dimensión titánica y se limita a atender a los muchachitos que por estas épocas tratan de aprobar los exámenes de Higiene para la Salud. De a poco, se me van haciendo familiares esas breves explosiones de entusiasmo y también el aire de añoranza que en un segundo la rodea y que algunos adjudican al reciente deceso de su axolotl.

Y casi espero con impaciencia el momento de la caída para poder ofrecerle un té, y dejar de ordenar la hemeroteca, y charlar un rato con ella, si es que no hay nadie en la Sala de Lectura. Hace unos días, creyendo que su angustia frente al monitor se debía a la dificultad que siempre tiene para ingresar datos al inventario, me dispuse a preparar la consabida infusión.

Y fue entonces cuando vi con sorpresa que la tarea emprendida consistía en encerrar todos sus archivos con una clave desconocida para mí y los otros empleados. Supe entonces que algunas noticias perturban a Betty en diferido.

Su escritor favorito murió hace unos años, y hay un albacea y una viuda y un editor, y hay unos archivos que estuvieron guardados un largo rato en la computadora del muerto.

Y cuando Betty supo todo esto, hablamos acerca de la falta de romanticismo de los manuscritos que ya no son papeles y ni siquiera manuscritos, y del derecho a morirse sin publicar lo que uno ha escrito, y del deseo de tener algo así como un secreto y de cuánto les pertenecemos a los otros. Supongo que Betty sabe que no es lo mismo poner una clave que hacer una fogata en el patio y quemar todos los cuadernos, y que lo que está encerrando con el candado informático son los archivos de Excel donde se detallan sus ahorros.

Pero cada uno tiene sus conjuros privados y yo no soy quién para criticarla.

María Martha Gigena