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Número 4

Con Capra en la distancia
Cheers

George Bayley es un buenazo.

Está sordo del oído izquierdo porque salvó a su hermano de ahogarse en un lago congelado; evitó que el farmacéutico envenenara por error a un chico con gripe; construyó casas decentes para la gente de Bedford Hills; se hizo cargo del pequeño negocio familiar cuando su padre murió y postergó así indefinidamente un futuro de aventura fuera del pueblito natal; y vive, junto con la preciosa Mary y sus cuatro hijos, con 45 dólares a la semana. Y la noche de Navidad de 1946, George Bailey, que tiene la cara de James Stewart, está desesperado y dispuesto a suicidarse para matar dos pájaros de un tiro: el dinero del seguro alcanza para salvar de la ruina a su familia y él puede terminar de una vez con tanta postergación.

Y, por supuesto, está nevando. Frank Capra, que ya nos llevó hasta ahí, le trae a George Bailey un ángel para que le muestre cómo sería el mundo sin él.

Para que le diga, en definitiva, que es mucho más rico que cualquiera, que la honestidad y el desinterés tienen recompensa, que el sacrificio y la bondad pueden no ser un problema de baja autoestima y que quedarse para siempre en su pueblito puede ser una forma de victoria Y cada vez que veo ese final de Qué bello es vivir, con todos esos amigos llegando a darle una mano a George, no puedo parar de llorar, como sólo se llora en el cine.

Una noche de Navidad finalmente estupenda, en la que por dos horas Capra suspende el curso de la Historia, lo heroico es doméstico, y está a la vuelta de casa, y podemos cantar villancicos todos juntos porque la vida es bastante sencilla si somos lo suficientemente generosos. Al mismo tiempo, enseguida, está todo lo demás; que Bedford Hills sólo puede existir fuera de este mundo, que la nena que es la hija de George probablemente haya terminado como corista en Las Vegas, que James Stewart quedó sordo en serio por pelear en la Segunda Guerra, que el mundo no fue tan sencillo ni siquiera en 1946.

Pero la culpa de tanta inconciencia la tiene Frank Capra.

Yo, en todo caso, lo único que hago en Navidad es ver si la dan en el cable.

María Martha Gigena