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Número 73

El fin de la escoba

Nuevos estudios sobre lesiones detectadas en las brujas amenazan el tradicional vuelo en escoba. A mediados del siglo pasado, con el incremento del tráfico de la navegación aerocomercial, habían surgido los primeros cuestionamientos a las escobas voladoras.

En ese momento, las brujas utilizaron parte de su enorme poder para doblegar a las principales aerolíneas y diversos organismos de regulación y control.

Lograron enmascarar numerosos accidentes causados por ellas haciéndolos pasar como problemas técnicos (congelamiento de sensores, fallas en los sistemas de alarmas, etc.) o errores humanos. Pero ahora, un estudio de la Universidad de Stanford realizado sobre 3.000 brujas arrojó como resultado que 2.700, es decir un 90 % de las que utilizan la escoba como medio de transporte sufre algún tipo de lesión inguinal, que va desde las inocentes dermatitis, e inflamaciones hasta las más molestas micosis o las temibles infecciones urinarias.

Todas ellas, según se sabe actualmente, a causa del roce y apoyo con el, rígido, delgado y áspero palo de escoba en la posición tradicional de vuelo. Como consecuencia de estas patologías las brujas se vuelven irritables y disminuyen la frecuencia de sus contactos íntimos. Ante el consejo médico de suspender los vuelos, las pacientes se han dividido.

Las más conservadoras se niegan a cumplir las indicaciones.

Entienden que las tradiciones deben ser respetadas y el padecimiento tratado mediante la aplicación de panzas de sapos vivos sobre la zona afectada.

Ese mismo grupo es el que ha protestado cuando en Afganistán fueron derribadas varias escobas con misiles tierra aire seudo inteligentes en incidentes reivindicados por ambos bandos en conflicto. Pero existe una corriente renovadora que utiliza el Google para confeccionar cartas astrales y el WhatsApp para enviar gualichos y maldiciones.

Son las que aseguran que la escoba es una rémora del pasado, un símbolo de la discriminación sexista y la violencia de género.

Que responde a la cosmovisión falocéntrica típica del machismo más trasnochado, que supone como condición de la plenitud de la mujer que ella se encuentre aferrada a un palo. A partir de ese diagnóstico han aparecido terapias conductistas que comienzan por el reemplazo de la escoba por un nunchaku, una jabalina o el bastón presidencial. Mientras tanto y lejos del fundamentalismo de unas y otras, la mayoría de las brujas modernas rechazan la limitación para llevar pasajeros de su antiguo medio de transporte.

También se quejan de la falta de cinturones de seguridad y de airbags, lo que vuelve a la actividad demasiado riesgosa.

Dicen las entrevistadas, que prefieren los automóviles o las camionetas de doble tracción, que con facilidad pueden estacionar en las playas de los centros comerciales.

Roberto Gárriz