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DOMICILIO DESCONOCIDO

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Número 71

Intemperies

Un chico camina a paso marcado bajo la lluvia mientras lleva un perro en sus brazos.

Intuyo que debe tener diez años, su contextura es intermedia y la ropa desgastada que lo cubre parece dos talles más grande que la necesaria para él.

Alguien lo ha vestido con ropa usada.

Es cuidadoso al momento de caminar, cada tanto baja la mirada para saber dónde está pisando, y casi siempre tiene la habilidad de esquivar algún charco de agua.

Miro atenta protegida por mi paraguas a mi compañerito de vereda.

Siempre tomando distancia de él para no adelantarme y salir corriendo a auxiliarlo en caso de que se caiga.

Pienso que si me adelanto no sería el tipo de persona que me pediría ayuda.

Sólo se levantaría golpeado y retomaría su marcha desatento al mundo.

Entonces me calmo y camino más despacio. Por su ritmo no le teme ni a la lluvia ni a mojar su ropa.

Su pelo largo está sucio porque se divide en mechas gruesas y he notado que a la zapatilla izquierda le falta un cordón.

La lengua suelta no le ha impedido la marcha decidida que lo lleva a no sé dónde con su mascota inquieta en sus brazos. A las cinco cuadras ya aminora el paso y lo noto cansado.

Cada tanto se resbala pero ni aún así deja que se escape su perro.

El perro debe ser pesado, por ese motivo pienso que ha decidido bajarlo a la vereda.

Mientras el chico se inclina y toma sus rodillas con las manos para tomar aire, el perro se reincorpora, se sacude un rato y sale al trote hacia la esquina.

El chico le grita un nombre que no logro retener, el perro se detiene y gira para mirarlo.

Mi compañero de vereda hace el intento de salir a buscarlo, pero el perro está decidido a dejarlo.

Mueve la cola y se va corriendo alejándose cada vez más de su dueño.

Cuando me acerco el niño está llorando.

Le pregunto en qué lo puedo ayudar con su perro, intento calmarlo y decirle que ya va a volver o que él lo puede llegar a encontrar.

También le digo que parece un perro astuto y suelto, que sabe cómo vivir en la ciudad.

A pesar de eso el niño no deja de llorar.

Entrecortado lo escucho decir que sabe que su perro se va a cuidar sólo, pero le preocupa que pase la tarde mojado y con frío, aunque sabe que en su casa no tienen un abrigo para él.

Laura Gibilaro