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Número 71

Lluvia

Lluvia. De Buenos Aires anónima de Leonor Curti Llueve sobre Buenos Aires. Una mujer lee una novela de amor, bajo la luz que se fuga del cielo gris, y atraviesa a duras penas la ventana de su cuarto. Unos niños que salen de la escuela, chapotean felices en los charcos que comienzan a formarse en las veredas gastadas. Llueve… Un señor, de traza y vestimenta impecable, da orden a su chofer de utilizar hoy el auto nacional en lugar del auto alemán último modelo.

Quizás en la General Paz se forme barro y el barro cuando se seca corroe la carrocería de los autos (por más alemanes que éstos sean) y si eso sucediera con el suyo, habría que mandarlo al taller oficial, que solo usa en sus reparaciones repuestos y pintura originales de fábrica, que habría que pedirlas a Alemania, esperarlas una eternidad y pagarlas en euros. Llueve. Una muchacha camina erguida por la Avenida Santa Fe, satisfecha de sí misma.

Se regocija contando las miradas masculinas que a la distancia acarician sus pechos adheridos a su remera empapada. En el conurbano, una madre de cuatro mira con resignación cómo el agua se cuela en su casilla de pobreza y chapa, mojando los colchones apolillados donde duermen; ahogando sus esperanzas.

Hará un pequeño bolso con sus pocas pertenencias, tomará a los chicos, y molestará a la vecina, que una vez más, les dará un hogar por horas y a préstamo, con piso de material y techo de zinc, hasta que pare.

Llueve. En la Costanera las obras de avance sobre el río están desiertas. Como si molestara, como si no fuera nuestro, cada día se lo empuja más allá.

Cada vez se lo lleva más lejos, se lo deja más solo.

El río ofuscado, malgasta su llanto de color a derrota sobre las maquinarias detenidas en duermevela.

Llueve sobre Buenos Aires y la vida juega a las escondidas.

Leonor Curti