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Número 70

Me vino al pelo

Ya solitario derivando su grito al viento se escuchó el primer: -“me tomaron el pelo!”. La Voz quedando atrás, envuelta soltó:- Nadie toma el pelo, siempre son auténticas recogidas que despejan el campo permitiendo mirar lo que no se puede ver y allí fue un cretino incrédulo pensándose desenvuelto!. El Sol fuerte dio una de sus manos, sentándolos en un cordón les enseño un título de antigua publicación: -“lectura permanente”. Tras humedecer lo que quizás era un sabio saber , Macana fue la primera en leer el veredicto, mentira acusa y condena junto a la Cana a teñir lo sucedido con crisol de colores o la pena será el terror a las claras del paso del tiempo. Centímetros que dieron, cabellera tranquila, ahora tramitan la extensión, sobre cabecera de cama acostaron la calma. Señor Crespo despertó al resto, desayuno con crema, recuperaron andar pronunciando el tacto con enjuague, había certezas de árbol como duras cortezas que no hacían otra cosa que lastimar cabezas. Ya saben de la vista ciega y como oxímoron podemos iniciarnos en la escritura del peinado a contrapelo. Bienvenidos sean quienes crecieron hasta aquí y continúan su camino, saben ustedes ya cerrar los ojos y apretar las ideas, ellas, las buenas, acicalándose, germinan y prolongan en grandes recorridos de Pelargos, atrás quedan los lirondos con su fatídica alopecia en un desértico y árido paisaje carente de altruismo y elevada esperanza reflexiva. Desde el corazón del nuevo cobijo, la amplitud del planeo angelical trincó del bello más aventajado descubriéndose en idéntico tiempo una mirada que desconoció estar pernoctada en danza de pestañas. Muy por el reverso de lo que se esperaba el corte fue profuso llegando al cuero cabelludo, hematosengrado por fuerza convertido en tinta continúa la pinta calavera, buscando tierra buscando texto. Saliendo del hueso los Pelargos ¡nuca más gritaron!, ¡la lucha no es al pelo!. Lo que al esquema el peine quiere, quieren los que montan caballo a la cola, fue un ramalazo, poco menos seborrea todo lo escrito hasta aquí, sabrán al dedillo lo que se deslizó, un rizado dominante y pediculoso tejió una redecilla, por suerte las entradas estaban altas, tupídas y esos cabrones supieron sin pecar de ignorantes, como muchas veces lo hacen, que la pluma pueblo bisturí a la pelusa que trabaja y trabaja al compás del bigudí.

Facundo Chamorro