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Número 69

El nombre de un delito

Distraído, perdí la explicación sobre la destitución de Frondizi en 1962.

Sé que también nombraron a Norma Penjerek y el caso de Adolf Eichmann. Norma Penjerek había aparecido muerta con sólo quince años para alimentar versiones políticas que traían a Eichmann al presente, algo más que naturalizaba la futura intervención del Ejército.

El comisario Keillis y las dos versiones: una venganza de los argentinos defensores del nazi; o bien víctima de una orgía de droga y sexo cuya descripción daba para cualquier gusto. Un año después el Luna Park era escenario de una justa del saber que seguía con el asunto.

En octubre de 1963, cuando Arturo Illia se hacía cargo del gobierno en medio de la indiferencia de unos, la confusión de otros y las conspiraciones generalizadas, se habló contra la corrupción, las organizaciones tenebrosas de traficantes de alcaloides y los tratantes de blancas.

¿Qué vínculo tenían con el caso Penjerek? El Luna Park suspende el boxeo que, según dicen, idiotiza y recibe respuestas de Alfredo Palacio, el psiquiatra Nerio Rojas, José Peco, Marco Aurelio Risolía y el abogado Ernesto Sanmartino, patrocinante de los padres de Norma Penjerek.

El saber de la Academia, el Poder Judicial, la experiencia de Nerio Rojas y, en fin, la destreza del político socialista -se reía Javier- acompañan con su murga el carnaval de Illia.

Y, de paso, se olvidan de la política y excitan a los desgraciados con la historia de Laura Mussio -Lulu, para los amigos- sindicada como corruptora de menores, entregadora y afecta a las drogas. -Tuvo su conversión al ser encerrada, más respeto, dijo Rainer.

Escribe un libro -agregó- que comienza con las hermanitas religiosas que la recibieron en la cárcel.

Ese encuentro le produjo una conversión: cose camisas para reclusos varones, trabaja en otras cosas y reza cada mañana.

¿De qué trata el libro? Como si la pregunta fuera una adivinanza respondí rápido de los que verán a Dios porque todavía parecía estar con Viviana en la noche en que vimos esa película. El coronel dio por terminada la reunión; nuestras gracias ya no le causan gracia.

Es lo que me pareció. Traté, ya en Los Leones, de hacer que Rainer me aclarase el asunto, pero estaba en otra.

Les decía a sus amigos que saber obedecer era mejor que saber cualquier otra cosa.

Saber obedecer, pensé, es lo que le propone a los otros, porque estoy seguro de que sólo se propone mandar.

En un momento dijo que el coronel, su tío, no sabía mandar.

Me pareció raro que un estudiante pudiese enseñarle a un militar algo sobre el mando (supongo que Rainer, aunque le gustase decirlo, sabía que eso nada tenía que ver con la realidad).

Germán García