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DOMICILIO DESCONOCIDO

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Número 67

Con el día por delante

“Con el día por delante”, me recomendaba mi padre, en los viajes, antes de salir a recorrer una distancia considerable.

Nunca sabés si no vas a tener un problema con el auto, si no vas a necesitar un auxilio, el asunto es que no te agarre la noche en la ruta.

Llegar, aunque sea, con las últimas luces del día.

No tomar riesgos que la claridad permite disipar.

Es un consejo impecable. Vas por la Patagonia, en esos caminos solitarios, y el motor comienza a hacerte un ruido que con el tiempo se incrementa.

Algo está fallando, y se pone el sol, y el frío, en la soledad, pensando “cómo voy a hacer para aguantar el frío si se me queda el auto.” Y en eso ves las luces amontonadas de un pueblo allá a lo lejos.

Un lugar donde por lo menos puedan darte algo caliente para comer, una cama decente y alguien te revise el vehículo al otro día.

Ves esas luces y vos sentís que estás llegando a París, o a New York, sabés que estás salvado, decía mi padre, y tenía razón. Sin embargo, he notado que varios de los personajes más queridos no siguen ese precepto.

Por el contrario, se empeñan en viajar únicamente de noche. Me refiero a Santa Clauss, los Reyes Magos y el ratón Pérez, concretamente.

Los primeros, aunque tienen una fecha de llegada fija, surcan cielos y desiertos, según el caso y llegan de noche, en forma invariable.

A todas luces, valga la redundancia, una planificación equivocada o una negligencia grave. El ratón Pérez, con medio de transporte misterioso, sin importar cuándo se produzca la caída de la pieza dentaria láctea, llega también por la noche.

Pueden buscarse miles de razones para justificar esa insana costumbre del peregrinar nocturno, la clandestinidad, acaso sea la principal.

En virtud de preservar el misterio, se exponen a toda clase de peligros, recorriendo enormes distancias, como es sabido, para colmo cargados de regalos, en el caso de Clauss y los magos y portando dinero en efectivo, en el caso de Pérez. Hay algo de soberbia, de creerse inmunes, por parte de estos personajes.

Vaya a saber cuáles son los motivos profundos que guían sus conductas.

A mí me gusta más pensar, simplemente, que ellos no tuvieron la suerte de tener un padre tan bueno y previsor como el mío.

Roberto Gárriz