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Número 67

Cosa de chicas

Cosa de chicas Hablemos de nuestras cosas, fue lo primero que dijo antes de iniciar un largo camino hacia la militancia feminista.

“Es que nadie mejor que nosotras sabemos las cosas que nos pasan”, prosiguió.

Pero creo que llevó las cosas un poco al extremo cuando asoció la violencia de género con algunas de “las cosas de chicas”.

Tanto así que muchas de quienes la oían empezaron a estar en desacuerdo.

Ciertamente no se puede pasar de la golpiza al planchado de las toallas sin escala. El momento en que sí obtuvo algunas extrañas adhesiones fue cuando catalogó como una práctica de violencia ese ritual depilatorio al que todas nos sometemos.

La larga exposición la convirtió en una experta en el tema: “Hay al menos en esta parte del mundo, algo que podríamos llamar un mandato depilatorio.

Estar pelada siempre!” así invocó a su audiencia, y continuó “y para este objetivo hemos desarrollado distintos métodos, todos sofisticados, que implican una cuota grande de dolor”.

Una experta la oradora (curiosamente llamada Dolores).

Proseguía: “hay tres tipos de métodos depilatorios: los de cortar, los de tirar y los de quemar”.

Extiende su caracterización: “el de cortar, es un método aparentemente indoloro y práctico, pero a la larga es contraproducente, porque el vello vuelve con renovados bríos, lo que supondrá un rasuramiento más frecuente, y cuando esto no alcance, se pasará a alguno de los otros, con un incremento notable de sufrimiento”.

Consultada sobre el método de tirar por una de las inexpertas presentes, afirma que “es un método efectivo, más duradero que el primero, que supone debilitamiento, pero no alcanza una sola vida para lograr el objetivo.” No podemos describir aquí los gritos que la sola descripción provocaba en las oyentes.

Era como si traerlo a la memoria fuera igual que vivirlo….

Cuando me di cuenta, seguía “El método de tirar (tiene distintas escuelas, la más famosa es el “español”), consiste en que una señora sin corazón vierta una capa delgada de cera caliente sobre la zona a ser despejada, aguarde unos segundos hasta que el material se haya endurecido un poco, y sin piedad tire de la cera solidificada, consiguiendo así el resultado buscado.

Este tratamiento debe realizarse cada 20 o 30 días”, sentenció.

Las chicas del público ya estaban llorando desconsoladas cuando retomó su descripción: “Finalmente, está el método de quemado”, en este momento las pocas que aun oían empezaron a taparse los oídos.

Dolores continuó sin piedad “Es el más moderno, el más tecnológico, pero hay que tener cuidado, porque no es lo mismo la Definitiva que la Luz pulsada; este último es sólo tortura.

Te llega a quemar la piel de maneras irreparables.

En cambio la Definitiva, aunque más moderna, no es menos dolorosa, supone la aplicación de un gel para que un láser queme cada uno de los bulbos capilares, con lo que se conseguiría una erradicación total.” Al terminar, una lágrima rodaba por la mejilla de Dolores.

El corolario, afirmaba que “cuando lloramos con el sólo recuerdo de la cera derretida o a la luz del láser es porque somos conscientes de estar sometiendonos, por lo menos, a alguna clase de violencia, la que no es mandatoria para todos, sino sólo para las chicas, por lo que debería ser considerada de género”. Mónica KIRCHHEIMER Enviada especial al camarín dos de la homónima Brenta

Mónica Kirchheimer