ODRADEK.COM.AR

DOMICILIO DESCONOCIDO

Buscar: Ingreso de usuarios registrados en RespodoTodo
 

Número 5

Falta de carácter

Mi familia materna tiene una bóveda en un cementerio del Gran Buenos Aires.

Es algo así como que mi bisabuela italiana vino a la Argentina, se fue vivir ahí, que por esos tiempos era apenas un pueblo, y casi ni muertos tenía, por lo que el cementerio apenas empezaba, y construyó la bóveda, que es como una iglesia diminuta con sótano y todo.

Después de eso, o mientras tanto, tuvo muchos hijos, que tuvieron hijos a su vez, y es así que mi madre es la menor de diecisiete primos.

Muchos de los cuales todavía están interesados en la bóveda de alguna manera, aunque mi madre, por ser la menor de todos ellos, tiene la llave y también la escritura. Pero además de eso, la bóveda de la familia, es la prueba más flagrante de la relatividad de cualquier afirmación.

Digo, que de las pocas veces que he ido en los últimos años, frente a la reja de la bóveda se hacía evidente que todos sabíamos que uno menos es uno más.

Porque la bóveda es grande, pero tampoco, evidentemente, es infinita.

Y diecisiete primos, con la descendencia que todos han insistido en traer al mundo, forman una fila, digamos considerable, aunque muchos hayan encontrado salidas alternativas a esta superpoblación potencial. Y entonces, además del dolor que en todos los casos me causaba estar frente a la bóveda dejando a alguien allí, también se aparecía, casi como en una plaqueta conmemorativa, el tributo a la variedad de perspectivas.

O, dicho de otra manera, la confirmación en clave necrológica del saber popular: si hay un refrán que dice “no hay dos sin tres”, también está ese de “la tercera es la vencida”. Tengo otros ejemplos, que me han obsesionado menos, como “al que madruga Dios lo ayuda” frente a “no por mucho madrugar amanece más temprano”.

Pero debo reconocer que mi falta de interés real en este último par podría adjudicarse tanto a la consistencia de mi ateísmo, como al hecho de que la contradicción implícita no tiene la misma contundencia del primer ejemplo. Como sea, ahora que lo pienso, el relativismo en general puede ser, sencillamente, falta de carácter.

Digo, es cuestión de definirse, aunque sea en la necedad, decidir por uno de los dos refranes y dejar de tener en cuenta las otras, siempre inagotables, perspectivas.

Para que la próxima vez, ojalá sea dentro de mucho tiempo, me anime a preguntarle a algún primo segundo o a alguna tía abuela política, el dato de un cementerio privado.

María Martha Gigena