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Número 64

Un dibujo

Juan Manuel tenía siete años.

Su padre lo llevó a la plaza.

Salieron los dos de la mano.

En el camino compraron caramelos y figuritas.

En la plaza Juan Manuel pidió un chupetín de los que su padre conocía con el nombre de pirulín.

Una manzana caramelizada, maíz para las palomas, un globo inflado con gas, un helado, una pelota de fútbol, un par de patines, un juego de paletas de playa, una bicicleta o un karting a motor y más tarde insistió con el pedido del helado.

Su padre se negó a todos y cada uno de esos pedidos.

En cada negativa perdía algo de alegría y mucho de paciencia, de la que había llevado bastante. Atardecía cuando vieron al hombre que ofrecía tirar las cartas del Tarot.

Juan Manuel preguntó de qué se trataba eso, su padre le explicó y Juan Manuel le pidió a su padre una tirada de cartas.

El padre, casi vencido en su resistencia siguió caminando sin contestar y se topó con la mesa del dibujante que ofrecía hacer “caricaturas a voluntad”, como decía en el cartel.

Juan Manuel dijo que por lo menos un dibujo comprame y el padre, que había agotado las negativas, asintió. La hoja del dibujante era enorme, la caricatura sería del tamaño real, adivinó el padre de Juan Manuel. El niño no podía ver cómo se iba plasmando su imagen en el papel, pero el gesto de tranquilidad del dibujante y la complacencia de su papá le resultaban un bálsamo suficiente para aplacar la ansiedad. Pasaron varios minutos en los que Juan Manuel posaba y su padre aprovechaba el descanso.

Fueron casi veinte minutos en pleno atardecer.

Los primeros de la tarde en que el niño no acosaba a su padre con las distintas exigencias que ya conocimos.

Cuando el dibujo quedó terminado el parecido con el modelo era, según como se lo mirara bastante fidedigno o absolutamente desemejante.

Así y todo Juan Manuel quiso llevarlo, y su padre no tuvo más remedio que cumplir con la voluntad del niño, recompensando según su voluntad, a esta altura escasa, al dibujante. - Capturé la escencia de su hijo, reflexionó ufano el artista. Ya era de noche cuando el padre de Juan Manuel llegó a casa con el dibujo del niño en la mano y lo dejó con los de su esposa y su hija mayor.

Todo estaba oscuro, y en silencio.

Roberto Gárriz