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Numero 1

Zoología modesta

En Movimiento perpetuo, Augusto Monterroso sigue con empieza ellas zumbando por las moscas a su y alrededor hasta el final del texto. La mosca es en general sólo una molestia, el motivo por el cual algún pariente revoleaba la servilleta en una sobremesa de domingo, mientras la mosca indefectiblemente se escapaba, y uno hubiera creído que no existía si no fuera porque la había visto (¿qué duda?) sobre la ensalada rusa. Para Monterroso las moscas son otra cosa; las moscas saben.

En principio decirlas e n singular o plural es la misma cosa, porque una mosca es lo mismo que todas las moscas; vigilantes, siguen, observan y son, agentes encubiertos al fin de un alguien innombrable, aparentemente sólo una molestia (yo en la sobremesa evidentemente llego sólo hasta ahí). Monterroso en cambio las atrapa en el aire y después las deja ir en medio del estruendo del boom latinoamericano para que hagan su tarea.

Salen a recorrer 1972 y desde ahí miran el panorama, y se ríen de que el espíritu de investigación sin límites de los Estados Unidos y Europa haya descubierto “una especie de monos hispanoamericanos capaces de expresarse por escrito”; y buscan infructuosamente palíndromos en los que Alfonso Reyes está a punto de ganar el Nobel; y enuncian los maleficios y los beneficios de leer a Borges; y tratan de deshacerse de quinientos libros, producto evidente de demasiados escritores amigos y demasiadas editoriales prolíficas. En fin, las moscas de Monterroso, pura concentración de metafísica zumbona y molestia persistente, tampoco se toman demasiado en serio a sí mismas y, pudiendo ser la ballena de Melville o el cuervo de Poe, se deciden por una zoología menos solemne. Aunque para Monterroso el problema no es la solemnidad, sino la desubicación en esa solemnidad, el simple ridículo, la estupidez.

Conseguir no tomarse demasiado en serio, pero saber que hay cosas serias, saber incluso que eso a veces falla y sin embargo seguir escribiendo, seguir leyendo, eso es lo que vale la pena de Monterroso y sus moscas, y algunos otros animales.

María Martha Gigena