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DOMICILIO DESCONOCIDO

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Número 60

Paredes

Una mañana se animó y se largó a atravesar la pared pero antes de salir del otro lado se detuvo y miró.

Y resulta que lo que vio al interrumpir el traspaso no fue sólo negro, vio el ladrillo, el cemento, las capas de yeso y pintura.

Caminó de perfil dentro de la pared y se concentró en percibir el material rozándolo por dentro.

Sin dejar de avanzar -iba del comedor al baño y del baño a su habitación, alzándose, reptando por sobre los marcos de las puertas, sin abandonar la pared- llegó a otros departamentos, bajó varios pisos, subió.

Y entonces lo asaltó la duda e intentó darse cuenta de qué era lo que se iba desvaneciendo, si su cuerpo o los ladrillos, qué cedía y qué se sostenía firme, ¿o era toda la materia diluyéndose? Deseó que fuera la pared la que se estaba ablandando por algún motivo, de ser así le avisaría a otras personas: fijate si con tus paredes también pasa, probá con una mano, no intentes pasar la cabeza primero por las dudas… Cuando quiso darse cuenta ya estaba fuera del edificio y se movía con la agilidad de una lagartija por debajo de las baldosas de la vereda y del asfalto, percibía en la espalda una leve presión al paso de otras personas, de las bicicletas y los autos.

Quiso bajar más pero no pudo pasar del metro, a esa profundidad el suelo se volvía duro, infranqueable.

Arañó la tierra, golpeó con los puños, no pudo.

Se indignó, se desilusionó, perdió confianza en sí mismo.

Pretendió incorporarse, salir de allí para caminar como todo el mundo, tampoco pudo.

Sintió como si le hubieran puesto una tapa.

Empujó con los brazos y con las piernas pero le resultó imposible ir más allá de las baldosas.

Supuso que si había entrado por la pared de su living tal vez debía salir por el mismo lugar.

Se deslizó de memoria hasta su departamento y una vez allí, muerto de miedo y sin demasiada convicción, intentó salir: los bordes del muro volvían a marcarle el límite, como antes de que se animara a entrar.

Quiso volver todo a aquel estado primario, a ese que le había permitido ingresar, deshacerse o deshacer la pared, pero no lo logró.

Se conformó con reptar por entre los ladrillos y lógicamente no salió.

Yanina Bouche