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DOMICILIO DESCONOCIDO

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Número 59

La autopista

Asomado al balcón puedo acariciar el guardrail.

Es que este edificio no tendría que estar acá, no sé qué pasó, dicen que para cuando se avivaron y mandaron a una cuadrilla a demolerlo ya venían del otro lado armando la autopista y medio que lo esquivaron.

Sí, lo esquivaron porque si uno se fija bien la carpeta asfáltica se curva -mínimamente- justo cuando pasa por mi balcón.

Es un edificio bajo, un PH de tres plantas.

Yo vivo en la de arriba de todo. Tomo mate en el balcón y me gusta el viento que levantan los autos cuando pasan a toda velocidad por al lado mío.

Todos los días, aunque llueva, salgo al balcón.

Y en este tiempo he descubierto que lo que al principio me parecía una vorágine azarosa de autos no lo es en absoluto.

Hay un ritmo, una secuencia que a la larga se repite y que apenas es alterada por algún conductor ocasional que se equivoca el camino, por algún accidente, pero incluso esos sucesos que parecen extraordinarios no llegan a romper el orden. A las cinco y cuarto de la tarde -los lunes, miércoles y viernes- pasa Laura, pero la veo de lejos porque a esa hora va para el otro lado.

A las siete y veintitrés es que la tengo cerca, aunque ya cuando son y veintidós la veo venir en su Megane rojo.

No hay tantos autos rojos, la mayoría son negros o grises, plateados, azules y blancos, le siguen sí los rojos, pero estos últimos son una minoría entre los más numerosos.

Después están los verdes en sus distintas gamas -con predominio de los tonos oscuros- y más lejos les siguen los ocres, marrones y amarillos (que conforman un único grupo).

El Megane rojo de Laura es inconfundible porque tiene un rayoncito en el paragolpe derecho, un detalle que solamente vemos nosotros, ella y yo.

Cuando pasa me asomo, me estiro y ella baja la velocidad a setenta.

Al principio sólo me miraba, después empezó a saludarme y de a poco se fue animando a charlas más íntimas.

Hemos elegido los viernes como nuestro día, nuestro momento, como dice ella.

Y a las siete y veintidós -pasa un C3 azul, un Gol plateado, un Uno negro, tuneado- yo me despliego, me dilato, el tronco fuera del balcón, el brazo listo.

Y ella baja la velocidad y la ventanilla y asoma la mejilla, o una mano.

Y veintitrés, los viernes, nos tocamos.

Yanina Bouche