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Número 59

Saberes compartidos, Huida a las tinieblas

UN REFUGIO EN LAS TINIEBLAS La una de la mañana.

La sombra del ventilador extinguiéndose produce un efecto cinematográfico en la pared.

Afuera la noche otoñal.

El frío, por fin.

Apago las luces y me quedo sentado junto al escritorio escuchando música añeja, the oldest wine, the newest water, the deepest thoughts.

Y al final silencio y oscuridad.

Hay un dejo de nostalgia en el aire, aún resuena una melodía persistente, y persiste en mi boca un gusto ajenjo.

Es tarde, siempre es tarde.

La calle está vacía, una niebla exagerada nubla las aureolas de luz que despiden los escasos faroles.

Camino con calma hacia la parada del colectivo.

Casi no tengo que esperar.

Como surgido de ninguna parte aparece con sus luces rojas y sus ruidos zafios.

Pago el boleto y escojo el asiento más retirado del transporte.

Me siento.

Considero un milagro que no suene la radio en el autobús, y que todos los pasajeros mantengan un cuidado por la ecología del espacio sonoro.

Me acurruco contra los cristales empañados y me cubro con el abrigo.

Me abruman los pensamientos del día; los limpio…, lo hago con la facilidad con la que se sacuden las migajas de unas galletas sobre la mesa de la cocina..., eso ya lo he aprendido hace tiempo.

No he aprendido aún a silenciar el sórdido eco de la alienación.

Hecho trizas, no me permito quedarme dormido, estoy por llegar.

En casa me aguardan las últimas páginas de un libro.

El tiempo y la perspicacia resurgen.

En mis labios se dibuja una sonrisa, la primera del día… sé que lo mejor aún no llega… apuro mis pasos y emprendo mi huida a las tinieblas.

Introducción a la lectura de Huida a las tinieblas de Arthur Schintzler (Austria 1862 – 1928) por Gastön Pecznik. De la traducción de David Vogelmann Editorial Losada, 2011

Gastön Pecznik