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DOMICILIO DESCONOCIDO

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Número 58

Entonces

Pongo por caso el encuentro con Alejandra - no sabía en aquel momento que el nombre había sido elegido como homenaje a la heroína de Sábato –, ocurrió una tarde en el parque Lezama.

Me senté a su lado, abrí un libro.

No tardó en preguntar qué leía (era una costumbre de la época, como ahora chatear) respondí sin palabras, mostré la tapa de la Antología Poética de Milosz.

Sonrió, susurré con un tono que parecía el de un hombre cansado: te he encontrado en un tiempo otro, tristemente otro.

Es precioso dijo Alejandra, como si le hubiera mostrado otra cosa...

un reloj de oro, por ejemplo. Entonces me dijo que Alejandra era el nombre que usaba, quizá para que le preguntase cual era el verdadero.

Me daba lo mismo.

Agregó que lo había encontrado en una novela de Sábato.

Me apresuré a decir que no lo había leído… por falta de tiempo.

Donde la vida tiene el color de la tierra, donde hay hombres que morirán sin haber conocido el amor.

¡Que memoria! , exclamó. Le conté mi tendencia a la gratuidad, mi gusto por hacer cosas para nada, mi obstinación en convertirme en un lujo de la especie, en alguien que seguiría el ritmo de los otros sin hacer nada.

Nada de nada.

Ella dijo que me acompañaría en mi proyecto.

¿Era un proyecto?.

Le parecía divino.

Estaba dispuesta a facilitarme lo que le pidiera, incluso me alojaría en su casa donde vivía con su madre que, aseguró, estaría encantada.

Y así fue.

La señora dijo que era un hijo para ella.

Eso me daba el lugar de hermano, de manera que dormía en la misma habitación que mi hermanita espiritual, Alejandra. Me pasaba tardes esmerado en su cuerpo, que trataba como a un instrumento musical: buscaba la vibración máxima de cada lugar, de cada hueco, de cada pliego de la piel.

Sin embargo aquella felicidad no duró, era demasiado agotadora y mi proyecto - ella me enseñó esta palabra - de llevar el azar a lo absoluto me impedía anclar en una satisfacción que se domesticaba a sí misma.

Con diferentes mujeres pasó lo mismo.

Entonces algo es así, sin que me preocupe saber por qué.

Siempre había otra, sólo tenía que encontrarla.

Germán García