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Número 58

La palabra exacta

¡TOC-TOC! -¿Quién es? -Hola Gustave, soy yo, tu madre.

¡Ábreme por favor que me congelo! -Madre, qué sorpresa; pensé que te vería mañana para el almuerzo.

¿Qué te trae por aquí con este frío de locos? ¿Estás bien, madre? -¡Oh, sí! Es sólo que… he ido a misa y se me ocurrió demorar mi llegada a casa.

Es que allí me aburro demasiado… pensé entonces visitarte y… Pero sí, hijo mío, me encuentro bien.

¿Y tú? -Yo estaba escribiendo, madre, como siempre. -Y tu vieja madre ha venido a interrumpirte.

¡Vaya que tienes mala suerte! -No, madre, pierde cuidado.

En realidad no estaba escribiendo en este instante… Más bien me encontraba pensando.

Buscaba… tú sabes, lo de siempre, la palabra exacta, en este caso para describir cierto paisaje… ¿Estás bien en serio, madre? - Pues sí… es sólo que he estado leyendo tu última novela y… Bueno, está muy bien, nada más que… no importa, una pavada, olvídalo. -Te has desviado siete kilómetros de tu camino para decirme algo, así que no lo olvidaré.

Dime, madre, ¿no te gustó, no es cierto? Ya lo sabía yo que ese libro iba a traerme disgustos… -No, bueno, cómo decirlo...

Ese hombre, Charles Bovary, se parece mucho a tu padre.

Es un esposo bueno y fiel, y además es médico.

¿No es así tu padre? ¿No lo crees? -Mmmhh, sí madre, creo que mi padre ha sido un hombre bueno y fiel… -¡¡Pero lo que yo no entiendo es por qué me has hecho a mí tan libertina!! Esa mujerzuela, ¿cómo es que se llama? -Emma… -¡Emma! ¡Así es! Una desagradecida, una desalmada, un monstruo que nada tiene que ver conmigo.

¿Por qué me has hecho esto? ¿Sabes lo que pensarán de mí ahora? ¿Tienes idea? -Pero, madre, no eres tú. -¡Pues debiste aclararlo en alguna parte! -Puede ser, tal vez… Lo siento, madre, no quise… -Olvídalo, el mal ya está hecho.

-… -¿Pero entonces quién es? ¿Se trata de alguna joven de mala vida que has conocido en algún bar? ¡Oh, Dios nos libre! -Pero si yo no voy a los bares.

No es nadie, madre.

Es un personaje.

Me lo he inventado.

Debes creerme. -¡Peor que peor! ¿En qué mente cabe una mujer así, que hace cosas de hombre? Creo haberte educado bien, Gustave.

Aunque no sé, tal vez me he equivocado en algo... -Pero, madre, al menos debes reconocerme que hacia el final la he matado. -¡Mientes! Se ha suicidado en todo caso.

Tú no la mataste.

¡Si ni siquiera condenas sus horrendos excesos y casi parece que te regocijaras al mostrarla tan descarada! -… -Di algo, hijo, no guardes silencio ahora.

Dime que estoy equivocada o atrévete a defenderla delante de tu propia madre.

¡Vergüenza debería darte! -No en este caso.

No es vergüenza la palabra exacta.

Es otra que debería buscar mejor.

Ahora, si me disculpas… Traducción: Yanina Bouche

Yanina Bouche