ODRADEK.COM.AR

DOMICILIO DESCONOCIDO

Buscar: Ingreso de usuarios registrados en RespodoTodo
 

Número 57

De camino a casa

Mientras espero en la parada del colectivo, me percato de algo curioso: alguien se ha robado una casa.

Nunca me hubiese dado cuenta de no ser porque quien cometió semejante acto tuvo la torpeza de olvidarse una pared.

Ni siquiera recuerdo como era la casa en cuestión, a pesar que desde hace años me paro en el lugar desde el cual observo con asombro el hueco que supone una vivienda sustraída de su lugar de origen.

Debió ser grande pero con pocas habitaciones.

En la pared olvidada pueden verse las molduras que permiten inferir algo sobre la distribución de los cuartos pero además algo del estilo, de la decoración.

Las molduras doradas y blancas dibujan una escalera muy larga que va desde el frente hasta el fondo de la morada.

¿Quiénes vivían allí? ¿Quién podría arrancar una vivienda de cuajo y dejar una parte de ella adherida al restaurante colindante? A pesar de no contar con las respuestas para estas preguntas y otras que surgieron, me veo forzado a interrumpir mi contemplación cuando un grupo de adolescentes tratan de contener a un joven que grita desaforado mientras forcejea con ellos.

Bastan unas cuantas palabras del chico sujetado y la situación se torna más clara: “dejame que vuelvo y lo mato”.

Sus amigos logran detenerlo cuando gira para volver por donde vino.

Sin embargo, y como consecuencia de esto, termina con la cara contra la vereda.

El colectivo que debo tomar se acerca a la parada.

Tengo que llegar a destino, por lo tanto debo subir al ómnibus.

A esta hora, la madrugada de un sábado, es complicado conseguir un asiento libre pero el vehículo destartalado viene medio vacío.

Me siento del lado que da a la vereda en la que estaba esperando.

Me asomo por la ventanilla para ver como sigue la situación y veo que el chico sigue en el piso pero tiene a dos jóvenes sobre su espalda.

Mientras uno le tiene las piernas, el otro lo sujeta de los brazos.

Un tercer muchacho permanece parado a un costado, parece que a éste no le gusta ensuciarse las manos pero le dice a los gritos: “¡Juan! No vale la pena ponerse así por…” El colectivo arranca y con el ruido del motor, las puertas cerrándose, etc.

no puedo terminar de escuchar que es lo que le dice.

¿Qué fue lo que suscito semejante escena? Ya no importa, solo espero que si el flacucho Juan llega a encontrarse con la persona que quería “matar” resulte menos golpeado que por sus amigos.

Nicolás Cenzano