ODRADEK.COM.AR

DOMICILIO DESCONOCIDO

Buscar: Ingreso de usuarios registrados en RespodoTodo
 

Número 57

El fanstasma del tío Paco dijo presente

El fantasma del tío Paco dijo presente, se defendía la abuela cuando comenzaban a burlarse de ella. La abuela no era médium, ni creía en los espíritus, ni nada de eso.

Simplemente un día, dos años después de la muerte del tío Paco, había preguntado quiénes estaban para almorzar.

Con la pila de platos en la mano, parada en la cabecera de la mesa preguntó como todos los días: - ¿Ernesto? - Presente –se escuchó. - ¿Cristina? - Ausente –gritó otro. - ¿José Luis? - Presente. - ¿Paco? –preguntó como lo había hecho tantas veces durante los cuarenta años que Paco había vivido en la casa familiar, hasta que dos años atrás lo arrollara un tranvía.

Ahora, por costumbre y por error, había repetido su nombre.

Todos advertimos la situación y nos sorprendimos al escuchar el estruendo de platos rotos. - ¡El fantasma de Paco dijo presente! –gritó la abuela- ¡el fantasma de Paco dijo presente! –gritó otra vez y se sentó en la silla más cercana. A partir de ese día andaba con una ristra de ajos anudada al cuello.

Guardaba los vasos boca arriba por miedo a que se movieran en el intento de comunicarle algo desde el más allá y comenzó a poblar la casa de espejos, con el propósito de saber, cuando venían visitas, si se trataba de espíritus o de personas reales.

En el barrio se supo enseguida que la abuela hablaba con los espíritus .

No pudimos evitar que la casa se llenara de gente que quería saber de sus seres queridos muertos y conversar con ellos.

La abuela con tal de ayudar lanzaba preguntas al aire y aguzaba su pésima audición para captar respuestas que llegaban, acaso algo distorsionadas, se atajaba.

Los muertos no tienen mucho para decir, solía ser la conclusión de los vecinos y luego creían que la forma de hablar de los muertos se parecía bastante a la de la abuela.

De a poco dejaron de venir.

Hasta que un día, mientras preguntaba quién estaba en la casa para almorzar, volvimos a escuchar el estrépito de platos rotos.

Los tíos corrieron y a los chicos no nos dejaron acercar.

La abuela se había muerto.

Roberto Gárriz