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Número 56

Noche y día

Es curioso como son las ciudades, los ritmos de la vida, las rutinas.

Uno trabaja como loco todo el año para después lograr ir a trabajar como loco de turista.

De esto se dieron cuenta algunos, que además te cambian el fluir del tiempo.

Si te vas de vacaciones a la playa, pero para la montaña es lo mismo, tenés una rutina más o menos así, te levantás tempranito –para aprovechar el día–, preparás el mate, las galletitas, los toallones y lonas y por supuesto el libro y el protector solar (podés sumar o no la sombrilla y los baldecitos de los chicos).

Caminás unas cuadras, parás a desayunar, y feliz avanzás hacia el mar.

Más o menos estás ahí hasta que empieza a bajar el sol (habiendo comido alguna porquería que llevaste o en uno de esos paradores), momento en que volvés raudo al departamento/casa/carpa a bañarte y cambiarte (en mi experiencia, siempre más colorada de lo que me hubiera gustado).

Así, toca la cena, previo paseito por las vidrieras para ver si compramos, después algo.

Habiendo cenado, toca una nueva caminata a casa, donde espera un sueño reparador para recomenzar. Pero hay otros que se van a lugares donde parece imposible una rutina de este tipo.

Se trata especialmente de lugares donde pareciera que el tiempo no transcurre.

Se me ocurren dos ejemplos: en Disney, por ejemplo, parece que siempre es de día, siempre todo está empezando, siempre hay una disposición alegre y fresca.

Allí, donde uno llega, nos estaban esperando, y todo es reluciente; en cambio, en Las Vegas, cuando uno llega, todo ya empezó y tiene que ponerse a tiro.

No podés perder tiempo, hay que jugar, urgente, con espacios cerrados, con la misma temperatura e iluminación, se pierde la noción del tiempo y siempre es de noche.

Todo es beber, fumar, jugar.

Uno no termina de estar cansado, y tiene resaca desde que llega.

Sólo puede terminarse la plata, porque el espacio no varía, las acciones de uno tampoco. Por eso, siempre es una alegría volver casa, donde la rutina se sabe, y con el tiempo va cansando menos. Mónica Kirchheimer Enviada especial a La Felíz, previa parada para comer mediaslunas.

Mónica Kirchheimer