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DOMICILIO DESCONOCIDO

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Número 56

El verdadero motivo

Podemos imaginarlo.

Max está sentado a unos pasos del lecho, en el sanatorio.

Están solos.

Franz, cubierto hasta el mentón con una manta oscura.

Ya han hablado de otras cosas.

Y llegan al momento conocido.

Se ensombrece la habitación.

Max lo va a traicionar, para nuestra dicha; en verdad no lo traicionará, sino que hará de la traición un gesto kafkiano.

Ya conocemos a Franz y sabemos que la vergüenza habría de sobrevivirlo si su amigo no cumplía con su designio. En esa habitación, los dos, no hablaron de la obra de uno u otro, de la posteridad (de la obra, porque sí hablaron de la otra, de la humana).

Franz le pidió, sí, el favor, y Max lo cumplió.

Para ocultar el terror de Franz, Max dio a conocer los escritos.

Ya conocemos a Franz.

Y lo que deseaba ocultar.

Por eso es que no hablaron del destino literario.

Justamente, la obra de Franz dada a conocer por Max y luego de monumental fama, logró ocultarnos a todos su negado primogénito, e impidió felizmente que la vergüenza lo sobreviviera.

Nicolás Jozami