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Número 56

El día menos pensado

No soporta pensar en él.

Son casi las tres de la mañana.

El mensaje a su celular llegó 02:34.

Sólo le quedan cuatro horas para levantarse e ir al trabajo.

Sabe que no se va a dormir, le falta el aire.

Apoya la cabeza en la almohada y la gira a la derecha.

Le sigue faltando el aire.

La gira a la izquierda.

Endereza el cuerpo y respira profundo.

Ahora contiene el aire que entra.

Prende la luz.

Está temblando.

Dejó de pensar en él.

Está a punto de morir.

Se sienta en el borde de la cama y se agarra del colchón.

Toca el piso con los pies pero el frío no la alivia.

Se para y comienza a caminar.

Llega a la puerta, la cruza, y recorre el pasillo.

No busca el interruptor de la luz y sigue como una autómata hasta el comedor.

No puede respirar.

La luz de la cocina le ilumina la cara.

Por una ventana corre el viento fresco de la noche.

Pálida y en silencio llega hasta la mesa de pino donde su hermano está estudiando.

El departamento es pequeño pero siente los espacios dilatados.

Su pecho está cerrado.

No puede hablar.

Abre la puerta del aparador, saca de la caja de madera otra cajita donde guarda las pastillas que la van a calmar.

Su hermano sigue estudiando.

Ella coloca una pastilla debajo de la lengua.

La saliva se empasta, le cuesta tragar.

Ahora vuelve a pensar en él.

Cree que lo ama.

Él no lo sabe.

Ella no puede decir amor.

Se atraganta.

Tose una, dos, tres veces.

Su hermano le recrimina que le distrajo la lectura.

Le dice “dejá de toser, tomate un vaso de agua” Camina hasta el final de la cocina, abre la heladera y saca una botella con agua.

La toma mientras piensa en Omar.

Cuando lo cruce en los pasillos de la empresa se lo digo, no me importa lo que pase después, él me gusta.

Nos conocemos hace mucho, yo le debo interesar si no, no me hubiera invitado al casamiento de su hermana.

Nunca me habló de otra mujer, no sé si estuvo de novio alguna vez, quizás ahora esté saliendo con alguien.

Pero me llama, me manda mensajes como el de esta noche “disculpá la hora, pero acordate de presentar el informe mañana, yo voy más tarde a la empresa”.

Si no le importara no me mandaría mensajes y menos a esta hora.

Él no me cuenta de sus novias, él es reservado.

Y respetuoso.

Nunca se tiró un lance conmigo.

Necesito decirle lo que pienso. A las ocho marcó tarjeta en la empresa.

Llegó más arreglada que de costumbre, con un toque de perfume.

Disimuló las ojeras y cada tanto iba al baño a retocar el maquillaje.

Presentó el informe.

La felicitaron.

Cuando salió de la oficina Omar iba directo a saludarla.

También la felicitó.

Le dijo “tengo algo que contarte.

Quiero que esta noche vengas a mi casa a cenar así festejamos tu éxito y te presento a mi pareja.

Te va a encantar, él es un tipo piola, y suelto.

Ya le hablé de vos, de lo buena que sos como compañera y de lo abierta, sobre todo” Esperó que terminara de hablar, arreglaron un horario y salió a buscar la cartera que dejó colgada en la silla.

Metió la mano, sacó la cajita y la abrió.

Buscó un vaso con agua.

Después se tragó las pastillas y las palabras.

Laura Gibilaro