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Número 5

Ahora que me acuerdo

Hace un par de días, cuando volvía del diario, me sucedió algo que me gustaría contar.

No fue algo memorable.

Inclusive me cuesta recordar los detalles en este momento (a pocos días de acontecido el hecho) por lo que consideraré este relato como un simple recordatorio de lo que me sucedió.

Claro que, ahora que lo pienso, me pasaron muchas cosas en la vida.

En general siempre pasan cosas en la vida. Suponiendo que de mis cincuenta años, una tercera parte la pasé durmiendo (porque lo que pasa mientras uno duerme es lo que no pasa), me quedan alrededor de treinta y tres años vividos.

En ese tiempo ¿cuántas cosas me habrán pasado? Supongamos que una “cosa promedio” dura una hora, eso significa que a lo largo de mi vida me pasaron cerca de doscientas noventa y dos mil cosas.

De esas cosas, creo que podré acordarme de no más de mil o dos mil cosas (algunas más vagamente que otras).

Eso es menos del 1%.

O sea que de lo que me sucede, el 99% de las cosas no quedan registradas en mi memoria.

Al menos no como Seguramente mi forma de ser debe de estar más relacionada con el 99% de las cosas que no recuerdo que con ese 1% memorable.

Sin embargo, ese 1% es el responsable de mis relaciones humanas, al menos a primer orden.

Lo digo porque las conversaciones en general están gobernadas por los recuerdos que uno tiene y no por lo que uno olvidó.

Aunque ese 99% tiene su influencia a la hora de elegir a quién contarle sus recuerdos. Por ejemplo, en una reunión, puede haber dos personas que aparentemente sean iguales, tengan vestimentas similares, alturas similares y fortunas similares y que uno se sienta más a gusto hablando con una que con la otra.

Muchos dicen “hay buena química con tal”, pero esas son trampas del lenguaje para explicar aquello que no se recuerda, aquello que fue borrado de nuestras mentes por la necesidad de recordar cosas que no nos pasaron o cosas que no son cosas sino abstracciones.

Como sea, mi lucha va en camino a achicar ese 99% de cosas que pasan al olvido.

Por eso decidí contar que el otro día cuando volvía del diario al doblar por Canning casi choco porque el semáforo tenía las tres luces prendidas.

Les parecerá una estupidez, pero para mí es una cosa menos en mi 99%, mi granito de arena en esta lucha que llevo contra el olvido. Señores, uno menos.

Mariano Quintero