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DOMICILIO DESCONOCIDO

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Número 55

Entre mujeres

Cuando una amiga me contó que una amiga de la amiga de otra amiga andaba buscando un saloncito para alquilar donde pudieran realizarse unas reuniones de mujeres no lo dudé.

No porque necesitara el dinero sino más bien para colaborar con el grupo y para darle algún sentido al hecho de seguir viviendo en esta casona habiendo enviudado hace años y con mis hijos viviendo en el exterior. Llegamos rápido a un acuerdo con Victoria: ella me pagaba lo que pudiera de acuerdo a los aportes que recibiera de las otras chicas del grupo y yo les cedía el living por tres horas dos sábados por mes.

Todo cerraba perfecto y yo estaba muy entusiasmada con la iniciativa, de hecho me animé a preguntarle a Vicky si me dejaba participar de la primera reunión y por supuesto me contestó que cómo no.

Sin embargo, cuando se fue acercando la fecha del encuentro me di cuenta de que no tenía ni idea sobre la temática que las congregaba.

Dos días antes del sábado inaugural (inaugural para mí al menos) llamé a Vicky con la excusa de sugerirle invitar a las mujeres con té y café pero con el objetivo real de indagar un poco sobre los temas de las reuniones.

“Hablamos de cosas que nos preocupan, somos todas profesionales, trabajamos, seguimos estudiando, muchas son empresarias, la mayoría tenemos hijos… imaginate”, me contestó.

Le dije que sí, que me imaginaba pero que por favor me diera más detalles.

“Básicamente son problemáticas de género, cuestiones que tienen que ver con la vida diaria a veces y en ocasiones, cuando alguna lo necesita, con situaciones extraordinarias cuya discusión finalmente nos enriquece a todas”, se explayó.

Quedé encantada, me pareció maravilloso ceder mi casa para ayudar a otras mujeres y de paso socializar con quienes tienen inquietudes similares a las mías, porque seré una persona mayor pero soy mujer y sigo haciéndome las mismas preguntas que ellas. Me metí en Internet para averiguar un poco sobre las principales discusiones en materia de género, como para empaparme en el tema y no quedar fuera de lugar.

Revisé aquí y allá y estuve tan pero tan segura de cuál era el tópico en boga que me atreví a pedirle a Vicky que me dejara abrir el debate.

Al principio dudó pero enseguida aflojó.

“OK, veamos”, me dijo. ¡Qué nervios! Eran las tres menos diez y yo ya estaba sentada en mi propio living esperando a todas las demás con los termos de té y café y con unas masitas que preparé yo misma.

Llegaron a las cinco, que era la hora acordada.

Esperé a que estuvieran todas sentadas y entonces, cuando Vicky me dio la palabra, me puse de pie y dije: “Hace apenas cuatro años era algo inconcebible, un desastre, un motivo para que nos miraran con desconfianza… y sin embargo hoy vuelve a estar en el tapete no sólo como una opción sino también casi como una obligación.

Jean con jean, el denim ahora puede y debe llevarse arriba y abajo.

¿Queda lindo o es una grasada?”.

Uy, el despiole que se armó.

Algunas eran fanáticas y otras, al revés, consideraban que un toque estaba bien pero que toooodooo jean era un exceso.

Por supuesto no arribamos a ninguna conclusión, pero ahora ya sé que la idea no es ponernos de acuerdo sino intercambiar opiniones.

Nos hemos propuesto ir abordando todos los géneros… El sábado que viene vamos a hablar del modal, barato y ponible pero ¿elegante? Va a estar bueno.

Yanina Bouche