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Número 54

Cuentos seniles: Vacaciones, vamos a la luna (1)

No es tan caro si hacés la cuenta por kilómetro, me dijo Graciela.

A Villa Giardino en el Chevallier te sale tres pesos con diecisiete centavos.

Multiplicalo por los 348.400 kilómetros que hay hasta la luna.

Y eso si fuéramos en Chevallier.

Graciela siempre busca destinos diferentes para las vacaciones.

A veces me sorprende con sus elecciones. La documentación es la misma que se necesita para ingresar a los Estados Unidos. Cabo Cañaveral no es muy lindo pero sí o sí teníamos que pasar por ahí para abordar la nave.

Graciela no quería ponerse el uniforme porque decía que tenía olor a humedad.

Ella es así de delicada con las cosas que usan otras personas.

Por eso no le gusta ir a jugar al bowling.

Por no alquilar las zapatillas.

El chofer que nos tocó era bastante seco y hablaba, las pocas veces que lo hacía, en inglés, así que no le entendimos casi nada. Nuestros compañeros de viaje, aparte del chofer y dos asistentes eran un matrimonio ruso y dos japoneses. Completamos el trayecto de ida sin hacer ninguna parada.

Ni bien salimos de la estratósfera el paisaje se hizo negro con puntitos celestes, que eran las estrellas. La vista de la tierra desde el cielo vale la pena, pero la luna no.

Está vacía, no tiene ninguna construcción, ni vistas impactantes, ni lugares de interés turístico, ni tiendas de recuerdos, por supuesto.

Es como mirar de cerca una pared mal revocada blanqueada a la cal. El asunto de la falta de gravedad en la nave es gracioso por un rato y después resulta insoportable. La comida es mala.

Son píldoras no muy grandes que se ponen en la boca y terminan con las ganas de comer.

Graciela lo anotó en la encuesta de satisfacción que nos dieron a la salida.

Cualquier paseo con un buen catering mejora sustancialmente. Casi llegando a la luna el ruso se quejó de que no le funcionaba la banda ancha de la computadora portátil ni tenía señal para mandar mensajes de texto desde el celular. Los japoneses estaban amargados porque no les permitieron sacar fotos ni filmar. Yo me acomodé contra un tablero repleto de luces y dormí casi todo el viaje de vuelta. (1) Fly me to the moon

Roberto Gárriz