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DOMICILIO DESCONOCIDO

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Número 54

Omega 3

Te extrañaba Marianela; cuando quería olvidar que estaba solo, cuando despertaba con otra en la cama, cuando paseaba y sacaba fotos de algunas de las tantas esculturas y plazas y catedrales y remolinos de gente, palomas y góndolas, no podía olvidar que no estabas.

Y así cada placer, cada cosa, era tu ausencia.

No estaba en Venecia, estaba en una alegoría creada por tu ausencia. Marianela lo interrumpió y, de manera ofensiva, le preguntó si era Charles Aznavour.

Estaba sentada en el marco de la ventana, recortada como una imagen traslúcida y era una silueta dibujada por el sol.

El vestido de lino había resbalado por el muslo y la pierna levantada formaba un triángulo. Estaba harta de nuestros viajes...de tus viajes, porque nunca me consultabas.

Me presentabas los hechos consumados, los pasajes sobre la mesa, las tarjetas de crédito, los pasaportes (porque ya habías verificado que el mío no estuviera vencido).

Sólo te faltaba envolverme en un vestido y llevarme hasta el aeropuerto.

Ya en el avión me preguntabas si estaba contenta.

Me preguntabas, es una forma de hablar.

Afirmabas que estaba contenta porque a qué mujer no le gusta ir a Venecia. No quise ofenderla, no quise decirle que aquella mujer que había conocido, aquella mujer que tenía el placer de la cama y de la comida, se había reducido a una máquina de contar calorías – hasta las que se consumían en un acto sexual -.

Ya no tenía gustos y se sentaba en la mesa como una obligación médica. Comeré tal cosa que tiene tantas calorías, tal otra antes me gustaba, pero prefiero evitarla y tomar una copa.

Y colmó mi paciencia cuando al mirar, con la atención vigilante que había adoptado, aquel salmón en mi plato y ver el placer con que lo comía, me dijo con un tono de aprobación: seguí con el salmón, es lo único sano de todo lo que te veo comer.

Tiene omega 3. No era la primera vez que me hacía ese tipo de comentario cuando estábamos comiendo.

Pizza no, carne roja levanta el colesterol, cualquier cosa frita es nociva y ha perdido sus valores alimenticios.

Y los naturistas y la longevidad. Al principio me resistía, le replicaba que la promesa de inmortalidad de la medicina era marketing y que tampoco me interesaba hacer durar el tiempo en cualquier condición: después opté por callarme, cambiar de tema, mirar la ventana. Ahora, desde un tiempo, viajo y busco la compañía de mujeres que tengan el placer de la mesa.

Ya poco me importa el otro, con el culto al cuerpo que supone y los detalles que lo sostienen.

Sí Marianela, el yogurt tiene muchas propiedades y pocas calorías. Cuando en alguna otra ciudad algo me gusta no puedo dejar de pensar que es una lástima que Marianela no esté y esa ausencia convierte al instante presente en una alegoría.

Germán García