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Número 54

Ruidosas ruedan las ruedas del ferrocarril

Existen múltiples tratados sobre literatura infantil en los que se enseña cómo construir una literatura apta para los más pequeños.

En ellos se presentan fórmulas que, por cierto, tienen una vida tan extensa como la de la escritura misma.

Uno de estos libros, “Instrucciones para una buena poesía infantil”, señala que “es necesario utilizar una serie de expresiones de melancolía como fatal, devastador, gélida muerte cruel, infeliz destino, ojos llorosos, etc.” A continuación se aconseja: “que se construyan rimas, como, por ejemplo, vigor, flor; palpitación, conmoción; congójanos, abandónanos; enviar, paliar; fatigaba, intrigaba” y al final se debe “ponerlo todo por escrito en un papel” (Citado en Lerer, Seth: La magia de los libros infantiles, Barcelona, Ares y Mares, 2009, Página163).

Claramente esta es una lección aprendida por muchos poetas, aunque ellos y su público no siempre lo reconozcan.

Veamos.

Ricardo Arjona en Adiós melancolía canta: “Adiós melancolía, / gracias por la compañía / pero aquí ya no hay mas sitios para usted.

/ Adiós melancolía, / le agradezco la poesía.

/ Que entre versos hoy me deja confesarle a esta mujer.

/ Que me saqué la lotería cuando la vi.

(…) Hoy cuelgo mis sueños en el piercing de tu ombligo.

/Mientras la melancolía observa y es testigo.

/ Quiero estar seguro.

/Un poco por ti, / un poco por mi, /un poco por celos.” Por su parte, Andrés Calamaro en Flaca recita: “Entre no me olvides / me dejé nuestros abriles olvidados / en el fondo del placard / del cuarto de invitados / eran tiempos dorados / de un pasado mejor.

/ Aunque casi me equivoco / y te digo poco a poco / no me mientas / no me digas la verdad / no te quedes callada /no levantes la voz / ni me pidas perdón /Aunque casi te confieso / que también he sido un perro compañero un perro ideal que aprendió a ladrar / y a volver al hogar / para poder comer.

/ Flaca no me claves / tus puñales /por la espalda / tan profundo / no me duelen / no me hacen mal.” Ambos conocen las reglas, construyen buena poesía infantil.

Sin embargo, existe una supuesta diferencia que se atribuye a los dos exponentes de la canción contemporánea, cuyas poéticas se suponen muy distanciadas.

Entonces ¿por qué será que los fanáticos de Calamaro no se identifican con los de Arjona…? Y más aun, ¿por qué ninguno es niño? Es claro que el tipo de poesía que en general proponen se asemeja a la de los libros de “menor valor cultural”, y sus anécdotas son tan educativas como las líricas señaladas.

No obstante, debe rescatarse al menos una línea del cantautor guatemalteco “Cómo encontrarle una pestaña a lo que nunca tuvo ojos.”.

Porque la vanguardia debería ser así. Mónica S.

Kirchheimer Informe especial desde Durazno y Concepción.

Mónica Kirchheimer