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Número 53

Muchos megas
Renacuajos

Cuando me enteré de que la compañía proveedora de Internet ofrecía mayor velocidad por el mismo precio -90.000 megas por segundo, una barbaridad de rápido-, ni lo dudé.

Llamé por teléfono.

Una señorita me pidió mi número de cliente y me dijo que esperara en línea.

Dos segundos después me aseguró que sí, que el servicio llegaba a mi barrio.

Le pregunté qué debía hacer, si tenía que acercarme a la sucursal, si iban a traerme algún módem especial, si… Me interrumpió para explicarme que no tenía que hacer nada, que ella ya lo había activado remotamente.

¿Listo?, quise saber yo.

Listo, me contestó y dijo algo así como que lo disfrute y muchas gracias por no sé qué porque yo ya había cortado.

Estaba ansiosa por probarlo.

Casi no tuve que clickear el mouse que ya tenía desplegada la home page, que en mi caso es el diario.

Busqué algún video de esos que habitualmente tardaban un rato en bajar.

Encontré uno, apoyé la flechita y antes aun de que se convirtiera en manito ya estaba escuchando una noticia de no sé qué cosa. Respiré hondo y apoyé toda la espalda en el sillón.

Creo que dije uau.

No pude dejar de pensar en que tanta velocidad sólo podía ser posible a costa de algo o de alguien.

¿Cuánta gente estaría deslomándose, muriendo incluso, para que yo pudiera andar tan pero tan rápido por la web? Si el cable seguía siendo el mismo, ¿qué había hecho esa chica? ¡Qué me importa!, me dije y me propuse bajarme todas las películas que tenía pendientes de ver.

Me acerqué a la pantalla y noté que ya estaba abierto un sitio llamado butaca algo, no alcancé a leer porque me distrajo el mouse, moviéndose a la velocidad de la luz de acá para allá, clickeando en uno y otro link.

En un nanosegundo bajaron más de mil películas.

Cerré el Explorer y abrí la carpeta de Incoming.

Ahí estaban, listos para que los viera, los films que yo misma hubiera bajado y muchos otros más, con sus subtítulos y todo.

Conecté la compu a la tele, bajé la persiana, desconecté el teléfono y clickeé sucesivamente sobre una y otra y otra, y otra más.

Nunca pasé del primer cuadro porque aunque ninguna se había estrenado aún en la Argentina me tomó un femtosegundo darme cuenta de que, no sé cómo, ya las había visto todas.

Yanina Bouche