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Número 53

Caminar, leer/escribir y beber.

En la mejor literatura se camina. Julio Cortázar hace que su Horacio Oliveira de Rayuela camine por París, James Joyce manda a caminar por Dublín a Leopold Bloom en el Ulises, Leopoldo Marechal lo tiene recorriendo Villa Crespo y aledaños a su Adán Buenosayres, Mario Levrero anda por la ciudad vieja de Montevideo en La novela luminosa y Leo Masliah concibe estrategias para pasear por la calle en Rutinas para el tiempo libre.

Un narrador de Juan Carlos Onetti cubre el trayecto a pie por Buenos Aires en Avenida de Mayo-Diagonal Norte-Avenida de Mayo; Juan José Saer, en Glosa baja a Angel Leto del colectivo en la esquina del bulevar, muchas cuadras antes de donde lo hace habitualmente, por los súbitos deseos de caminar.

El catedrático de literatura Juan Manuel Barrientos va caminando al centro histórico de la ciudad de México en Y retiemble en sus centros la tierra de Gonzalo Celorio, y utilicemos esta novela como puente, como eslabón, como dársena para hacer un giro en “U”, porque el catedrático Juan Manuel Barrientos, en esa novela, mientras lleva adelante su recorrido va deteniéndose en diversas cantinas y bebe.

Pero también beben Oliveira, Bloom, Adán Buenosayres, Levrero, Leto y casi todos los demás. Aclaro: que se camine en la mejor literatura no implica que cualquier paseo sea una obra maestra.

Cualquier petiso no es Messi. Hace poco expresaba el escritor Ricardo Piglia en una entrevista que la velocidad de lectura no se había modificado.

Se lee igual de rápido o de lento que hace cien años. Tampoco se ha modificado la velocidad de escritura, se lee y se escribe letra por letra. De la misma forma, agregamos también, se camina igual de rápido o lento y así también se beben las bebidas fuertes y el café.

Paso a paso y sorbo a sorbo. Son acciones que se mueven al mismo ritmo, un ritmo que, va de suyo, los grandes escritores dominan muy bien: caminar, leer/escribir y beber.

Consejo: apenas tolere la literatura que viaja en globo o en submarino.

Desconfíe de la literatura que corre, de los que viajan en aviones.

Nosotros para esta navidad caminaremos a buscar un buen libro, esperaremos que lleguen las 12 leyendo y luego sí, alzaremos nuestra copa para beber por Odradek.

Roberto Gárriz