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DOMICILIO DESCONOCIDO

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Número 53

Moncho, quedate conmigo.
Gaucho

Caminaba por la calle San Luis hacia Billinghurst cuando escuché: Moncho, veni, che, Moncho, veni, dale boludo.

Miré hacia el Moncho, pero estaba de espaldas, todo de negro hasta el pelo...y sucio.

Caminaba destartalado con una botella de 500cc.

de Coca abajo del brazo, pero el líquido de adentro era una mezcleta rara. Miré a la chica que le gritaba, una chica alta, una chica joven y de lindos rasgos, minifalda de jean, la panza afuera, desalineada. Che Moncho, vení, dale vení...El Moncho doblaba la esquina de Bustamante apuradito por irse, mientras subía un hombro de ¡que me importa!. Ella ya no lo vio y comenzó a caminar apurada...una chica joven de rasgos lindos, con un pómulo defectuoso – quizá por un golpe – y un ojo magullado – quizá otro golpe -, quizá golpes de la misma pelea o de peleas diferentes....o de ninguna pelea, golpes. Cuando casi logra alcanzarlo el se da vuelta: Hey, vamo?, veni, vamo?, y le veo la cara al Moncho...tan sucia como el pelo...

y le veo la otra mano que le temblequeaba a la altura del hombro. Ella ya no corría, el Moncho la estaba esperando, se dió vuelta y la invitó...él no se le iba, era un chiste. Para mi asombro el Moncho para un taxi...y para mi doble asombro el taxista le para....el Moncho deja subir primero a la chica y como puede se sube el. Quizá esta noche ella no tenga que estar con otros hombres para darle la plata al Moncho, quizá esta noche sea sólo del Moncho. Lo cotidiano

Catalina Pedrazzani