ODRADEK.COM.AR

DOMICILIO DESCONOCIDO

Buscar: Ingreso de usuarios registrados en RespodoTodo
 

Número 52

El olfato del fuego

Siete minutos y medio le llevó incendiar su casa.

El procedimiento no le provocaba desconfianza, sólo necesitaba ser expeditivo.

Lo despertó Natalia con el mate, le separó la ropa y la dobló prolijamente al borde de la cama.

Entre mate y mate Tomás pensaba: ahora Natalia va a ir al baño, va a abrir la ducha y mientras espera que la temperatura esté perfecta se va a desvestir.

Primero apoya los pies en la alfombra, se saca el camisón y lo deja doblado, también prolijamente, en la tapa impecable del inodoro.

Después la bombacha que deja en el canasto.

Toca apenas el agua que cae y se moja.

Cuando sale del baño él la espera acostado.

Desayunaron juntos dos tostadas de gluten con mermelada light, café con leche descremada y tres gotas de edulcorante.

Ella se fue a trabajar.

Él se quedó.

No atendió las llamadas de su supervisor, un sanjuanino de treinta años que repetía “huevón, la cosa está que arde”.

Buscó el bidón azul y comenzó rociando con nafta la ropa de su mujer, las facturas pagas de los impuestos, y las cartas de su padre que le enviaba con el servicio de diligencia cada primero de mes.

Así se aseguraba el recorrido de las llamas.

Con lo demás, quería que el azar y el olfato del fuego acabaran su tarea.

Pedía poco.

Recuerda también que pedía poco cuando dirigía su mirada a Natalia en un acto de explicación.

¿Cuántas veces hubiera querido gritarle esa nada que lo sofocaba cuando se despertaba y la miraba dormir plácida y perfecta? El mareo aumentaba a medida que el olor era más intenso.

Así quiso que sucediera: la llama del fósforo pasó a la ropa colgada, a las cortinas del dormitorio, dos o tres vecinos golpeaban la puerta, otro llamaba al 101, la mirada agitada de Natalia cuando recibía la noticia, el calor saliendo por la ventana, el teléfono que no dejaba de sonar y él sentado en medio del living. Mareado y tirado en el suelo las imágenes se desarmaban en bloque, el fondo negro con luces dispersas y algunos fósforos húmedos aún sin prender.

Laura Gibilaro