ODRADEK.COM.AR

DOMICILIO DESCONOCIDO

Buscar: Ingreso de usuarios registrados en RespodoTodo
 

Número 52

Cada diez años

En 2001 me pasó algo que, entonces, pensaba que era terrible: me censaron en la puerta porque el joven censista estaba apurado… y yo, que soy muy de contribuir con el país, había preparado como una buena ciudadana, té con masas.

Este año, nuevamente me dispuse a recibir al censista entusiasmada.

Como cuando te avisan de un eclipse, o del paso de un cometa, que siempre parece un evento único que no se repite hasta dentro de uno nunca sabe cuándo…. Por eso, el miércoles del censo, me levanté tempranito, hice café, puse el agua para el mate, acomodé las galletitas y el budín, me vestí más o menos decente y acomodé la casa.

A eso de las 8:15 estaba lista con todo preparado esperando que me toquen timbre. Como el censo no llegaba salí varias veces al balcón, pero nada… cuestión que nos tomamos el café y el mate, las galletitas (el budín lo pude rescatar), almorzamos, hicimos más café y mate, y también lo tomamos, el budín tuvo que ceder, igual yo esperando todo el día, hasta que vi que se habían hecho las ocho, y nada… y mi entusiasmo se había transformado en un poco de fastidio por estar siempre lista todo el día.

Le pregunté a mis vecinos del edificio, tampoco los habían censado.

Pensé que en una de esas ellos habían malogrado mi censo, por lo que insistí y les pregunté a los de al lado y sí, ellos habían recibido la visita que se hace una vez por década! No importa, pensé, hay un número de teléfono al que me dispuse a llamar, algo decepcionada desde las 20:10.

Me habré comunicado a eso de las 20:45, y un muchacho muy amable me pide que llame después de las 22, cosa que hago, comunicándome recién a las 23:30.

Mi buen humor y disposición inicial se transformó en un fastidio (y los que me conocen saben que de ahí al mal humor hay muy poquito).

Eso, los que viven en casa lo sufrieron porque querían hablar por teléfono y yo nada, que nos teníamos que censar.

Finalmente, cuando me atienden y me informan que pueden solucionar mi problema por teléfono.

No hubo caso, lograron que me enoje.

Intenté razonar con la voz del otro lado del aparato, y explicarle que en el peor de los casos era un problema del país, que es una obligación, que me correspondía, y no sé cuántas cosas más, a las que insistieron con que ellos intentaban solucionar mi problema.

La cuestión es que por fin, dice que me van a censar, y sólo me realizan un tercio de las preguntas! Desde el miércoles me pregunto si hice bien en llamar, si no hubiera convenido, para eso, quedarse sin censar, porque al final, qué diferencia hace, tanto lío, y a ellos (no sé quiénes son) no les importa nada.

Ni el arreglo de la casa, ni el café y el mate, ni el budín que no dejé comer! En fin, en diez años, tal vez se me pasa, por ahora me hubiera gustado que me censen como a casi todos.

Mónica Kirchheimer