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Número 51

Otro aniversario

«Hay pues, básicamente, dos tipos de versos sobre el ano.

El primer tipo, que llamaremos “verso oscuro”, se concentra, por vía metonímica, en el producto, la consecuencia de alguna actividad anal.

Así, por ejemplo, un soneto de Quevedo nos recuerda no sin un dejo de homofobia que “La voz del ojo, que llamamos pedo/ (ruiseñor de los putos), detenida,/ da muerte a la salud más presumida”.

El “verso oscuro”, claro, permite articulaciones irónicas y metafóricas.

Casi cuatro siglos más tarde llegamos al luminoso verso de Juan Gelman, “este amor es más difícil / que cagar en un frasquito”.» «En el otro extremo tendríamos lo que en otro lugar hemos denominado “verso vacuo”.

Esto es, el verso dedicado al ano en sí y para sí.

Si se quiere, una analítica trascendental del culo.

Una vez más, lo podemos encontrar en Quevedo (“Que tiene ojo de culo es evidente,/ y manojo de llaves, tu sol rojo,/ y que tiene por niña en aquel ojo/ atezado mojón duro y caliente”).

Es notable la recurrencia de motivos que convoca el “verso hueco”: la circularidad, la dialéctica del vacío y el lleno, y, eventualmente, la pasión (el “Soneto al ojo del culo”, de Verlaine y Rimbaud, señala: “Mi boca se acopla frecuente a su ventosa,/ y mi alma, del coito material celosa,/ de él hace salvaje lagrimal, nido de llanto”).

Por lo demás, una historia, todavía pendiente, de la relación entre “verso hueco” y literatura, debería incluir su relación profunda con el verso popular.

En este sentido, tal vez todavía no se hayan detectado las raíces que versos como “entregá el marrón,/ entregá el marrón,/ entregálo de una vez” mantienen con la historia de la palabra poética en Occidente.» Tomado de “Prólogo” a Aniversario: Antología universal de versos sobre el ano.

Ezequiel De Rosso