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DOMICILIO DESCONOCIDO

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Número 50

Siete pequeños apólogos (I)

1. Germán García toma un café en un boliche de Palermo.

Discute con amigos la pertinencia de pensar a Fidel Pintos como coautor, como negro literario, de los escritos de Jacques Lacan.

Desestima la hipótesis, pero señala que no faltan coincidencias estilísticas.

De otra mesa, unos muchachones le tiran un terrón de azúcar que pega contra la taza de Germán.

Germán se da cuenta de que se trata de una provocación: mira la mesa de los otros y descubre un ejemplar de El anatomista.

Picado, se planta frente a la turba de lectores (tres) de Andahazi y les pregunta qué les pasa.

Por toda respuesta, lo retan a duelo.

Germán vacila.

Un hombre que lee Odradek en la mesa del fondo baja la revista y desliza por el piso una daga.

Germán toma el cuchillo que acaso no sabrá manejar y sale a Serrano. 2. María Martha Gigena visita una biblioteca pública a la busca del único ejemplar autografiado de una autobiografía de los autómatas de Cặpek.

La encargada le señala, no sin cierta perplejidad, una sección del segundo piso de la biblioteca.

La bibliotecaria, que algo ausente tiene en la mirada, encierra a nuestra heroína en la sección “autobiografías”.

La oscuridad, la humedad, el dolor de espalda, atormentan a María Martha hasta que descubre en un estante unos números de Odradek.

Feliz, sabe que va a salir adelante.

Quema uno por uno todos los ejemplares y así calienta el ambiente, detiene a la bibliotecaria asesina y quema la biblioteca por completo.

Los bomberos la rescatan de entre las cenizas con un libro de Roberto Gómez Bolaños en la mano. 3. Mariano Quintero descubre en su laboratorio la fórmula que alguna vez descubriera el doctor Jekyll.

La toma y se transforma en un hombre serio y preocupado por los temas importantes de la humanidad.

Escribe textos en Odradek que firma como “Ezequiel De Rosso”.

Cada tanto vuelve a ser el anarquista Quintero.

En esos momentos trabaja desesperadamente para encontrar un antídoto al elixir que lo transforma en un hombre aburrido y descubre que la solución está en la magia: vuelve a la casa con su familia, organiza una fiesta, convoca los espíritus de Porcel y Olmedo.

Nunca sabremos cuál de esos tres procedimientos fue exitoso, pero Quintero vuelve a ser el mismo quilombero de siempre. 4. Nora Martínez despierta en un mundo acuoso, sórdido en su suavidad.

Camina y camina y el mundo no se acaba nunca.

Exhausta, quiere sacarse los zapatos y descansar.

Se encuentra con una criatura que se asemeja a un carrete de hilo, chato y en forma de estrella.

En medio de la estrella emerge un travesañito, y sobre éste, en ángulo recto, se inserta otro.

Con ayuda de esta última barrita, de un lado, y de uno de los rayos de la estrella del otro, el conjunto puede erguirse sobre dos patas.

Un poco preocupada (al fin y al cabo, Nora es una madre de familia) nuestra heroína intenta sacarse los zapatos en presencia del bicho.

Lo logra, toma la criatura y enrolla a su alrededor un hilo que encuentra en el fondo de uno de los zapatos y hace con la criatura un yoyó que, cuando logre salir de ese mundo paralelo, seguro hará las delicias de su hija.

Ezequiel De Rosso