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DOMICILIO DESCONOCIDO

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Número 49

Alternativas

Cansado de hacer siempre el mismo recorrido, una tarde decidió probar otras opciones.

Hizo tres cuadras a la derecha, dos hacia la izquierda y dos más a la derecha, en lugar de las seis a la derecha y dos a la izquierda que hacía siempre.

Al día siguiente eligió una, una, una, una y luego todo derecho.

En poco tiempo había agotado las alternativas posibles de ese estilo. Dispuesto a seguir innovando, sumó cuadras, agregó vueltas a la manzana sin ningún sentido, alejándose seriamente del punto de destino para después reencauzarse.

Notó que añadir cuadras no le aportaba gran cosa, así que pronto retomó el recorrido inicial pero eligió variantes, como hacerlo por el cordón y también pegado al frente de los edificios y comercios, los brazos abiertos, rozándolo todo, los pies en posición de tres menos cuarto.

De frente, de espalda, a pasos cortitos, saltando cada diez baldosas. Hizo esfuerzos increíbles: avanzó en cuatro patas sin doblar las rodillas y girando como un trompo.

Se dio cuenta de que nunca lo había hecho corriendo y corrió como loco, también anduvo esas ocho cuadras caminando tan despacio que para el que pasaba cerca parecía inmóvil. Todas las noches pensaba nuevas maneras y poco a poco las fue implementando.

Cada vez llegaba con un cansancio distinto, habiendo hecho algún descubrimiento inusual sobre su cuerpo o respecto de las calles y los edificios.

Hizo también un caminito con papeles de diario, lo fue armando a medida que avanzaba (a su paso el camino volaba por el aire).

Ató un piolín y corrió enroscándolo en carteles y árboles.

Fue en silencio, hablando todo el tiempo, con los ojos cerrados y sin pestañear, riéndose, llorando, bizco.

Fue de todas las maneras posibles pero nunca nunca volvió.

Yanina Bouche