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Número 48

El hombre primitivo

El hombre primitivo Ogg, el hombre primitivo, tiene frío; pero no es esa su mayor preocupación, lo que lo inquieta es que tuvo un sueño extraño: soñó que se moría Ua, su mujer.

Y los hombres primitivos querían a sus mujeres, aunque no de la manera que un ejemplar macho actual puede querer a la suya.

Bien podría decirse que se encariñaban. Ua era peluda y suave, aunque no muy pequeña.

Medía un metro cuarenta, que para la época era bastante, y cazaba algún que otro animal de vez en cuando.

Además, lo satisfacía sexualmente.

En general, Ogg no era un tipo romántico, más vale iba directo al grano, lo cual a Ua no le parecía mal, si bien ella ya empezaba a desear algún mimo especial.

Claro que no sabía cómo transmitirle tal deseo a su hombre -poseían un lenguaje con buena sonoridad pero muy rudimentario-.

De todas formas, así hubieran contado con un idioma hecho y derecho, es bastante poco probable que Ogg llegara a comprenderla cabalmente. Lo cierto es que Ogg se había propuesto cuidarla hacía ya unos meses, cuando se dio cuenta de que a Ua le empezaba a crecer la panza y cazaba poco y nada.

No sabía que estaba embarazada, obviamente, pero hay que ver qué intuitivos eran los hombres primitivos. En aquella época soñar era tan común como ahora.

Hacer una fogata que amenaza con quemar toda la cueva, pelear con un animal que primero es un tigre y en seguida un mamut, afilar una piedra y que se rompa en mil pedazos formando una montaña que después se puede escalar, esos eran algunos de los sueños habituales.

Pero Ogg esta vez soñó que se moría Ua, está angustiado y trata de explicarle a ella lo que siente. Le dice con cara triste “muerte Ua” -en realidad dice “samú cobé Ua”, que significa exactamente eso- pero no sabe cómo explicarle que lo soñó.

Ua dice “¿muerte Ua?” y levanta las cejas como preguntándole ¡¿pero por quéee?! Desesperado por no encontrar las palabras -no las había-, Ogg se señala la cabeza seguro de que ahí se arman los sueños y repite “muerte Ua, muerte Ua”.

Ua empieza a correr, temiendo por su vida, y cada dos o tres pasos gira para ver los movimientos de quien cree su verdugo.

Ogg se queda estático unos segundos -es la primera vez que está tan confundido- y luego comienza a correr detrás, la va a abrazar, va a meterla adentro de la cueva para que no le pase nada y para que no salga la va a atar, después verá cómo le explica todo, pero primero lo primero.

Ua gira por quinta vez y ve a Ogg muy cerca, que levanta los brazos y le grita cosas incomprensibles.

Asustada, acelera, tropieza con una rama y cae con todo su peso sobre una lanza que ayer nomás armaron juntos y apoyaron sobre una piedra.

Ua muere al instante y Ogg se encierra en la cueva a inventar palabras porque algo le dice que así no se puede vivir.

Yanina Bouche