ODRADEK.COM.AR

DOMICILIO DESCONOCIDO

Buscar: Ingreso de usuarios registrados en RespodoTodo
 

Número 47

El lector contemporáneo
Pianista

“Cuando uno es joven cree que los libros van a estar siempre.

Con los años, descubre, como tantas otras cosas, que la realidad no es amiga de los absolutos” Abelardo Castillo Dado que desde hace casi cuatro años me desempeño como librero, o aprendiz de librero, debido al conocimiento que extraigo asiduamente de la experiencia cotidiana en el comercio de libros, y en consecuencia al vínculo establecido con libreros, lectores y escritores coterráneos y de otras ciudades del país y del mundo, podría formular la siguiente enunciación: el lector contemporáneo, en general, ya no está interesado en la literatura clásica. Considero que un artista clásico -y no digo escritor porque también esta idea se puede aplicar a la música y al arte en general- se inscribe en los cánones de la historia por diversas razones: representa su época y su cultura (A.

Dumas, D.

Dafoe), las critica (V.

Woolf, M.

Duras), o las destruye fundando una nueva literatura, en su estética y estructura narrativa (M.

Proust, O.

Wilde), o en su ideología (F.

Dostoievski, H.

Miller).

Sin embargo en todas estas coyunturas, todos estos autores convergen sustancialmente en dos aspectos, su genialidad y su originalidad para la invención del drama. Desde el presente podemos observar panorámicamente que no todos los escritores de la historia han gozado de lectores profundos.

La literatura es una actividad que requiere tiempo y espacio: tiempo para la reflexión -Nabokov decía que no existen buenos lectores sino relectores- espacio para el diálogo y para la reedificación de una historia como representación.

Sin embargo los dispositivos mediáticos no han logrado reemplazar al lector superficial.

Uno podría suponer que quienes antes leían libros triviales hoy estarían mirando la televisión.

Sin embargo en el presente gozamos de lectores con pretensiones “intelectuales” que dedican su tiempo a leer libros habitualmente catalogados como bestsellers o autoayuda.

“No hay peor hipócrita que aquel que niega la hipocresía” expresaba Nietzsche; empero, esta es la época que nos toca, una época donde se editan millones de libros al año, donde los lectores son en su mayoría consumidores, parafraseando a Alberto Manguel, para quienes sólo la novedad y nunca la memoria del pasado, cuenta. No obstante, me es imperioso manifestar que, sólo en cierto sentido, me resulta comprensible que la hiperproducción de libros no sólo es causa de la ambiciosa actitud capitalista de las editoriales, sino también un intento lógico de imitación de los escritores modernos a sus “héroes”.

Es tarea de escritores, profesores, críticos, editores y libreros reconstruir, en una expresión impetuosamente romántica, el amor por nuestros maestros.

Gastön Pecznik