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DOMICILIO DESCONOCIDO

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Número 46

La ventana del cuarto

Gente desconocida pasa y arroja papelitos dentro de la casa.

Pasan.

Yo estoy miran (ahora mismo un pequeño papelito, bollito incompleto rueda) do.

Pasan solos.

No los conozco.

Se asemejan a un hombre, otras veces a una mujer.

Los miro desde el borde izquierdo de la ventana.

Un hombre de sombrero se asoma curioso de mi.

No tira papelitos. La casa está construida sobre un viejo basural, al noreste de la manzana.

La ventana asoma en la curva de la casa.

No preciso las coordenadas de la ventana.

Perdí la brújula.

También se perdió mi papá, que me regaló la brújula cuando tenía doce años (en realidad contaba siete, 7 años, pero a esa edad olvidé).

No espero que aparezca la brújula.

Otro papelito cae en el centro.

Se detiene.

Pesa más.

Si acerco uno entre mis ojos les invento fisuras y surcos, algunos tienen caminitos en los pliegues.

Cuando me aburro los tiro y los presiono con el pie.

La brújula era plateada en mi mano blanca.

Durante años las coordenadas de mi mano y la brújula eran iguales.

Cuando la perdí dejé de crecer.

Mi papá me la regaló con un papel plegado, muy grande (la gente tira papelitos).

Coloco los papelitos en la mesa de algarrobo de la casa, los ordeno de izquierda a derecha.

En fila de veinte, 20, y durante setenta días,70, los fui desplegando.

La gente no tira papelitos.

Esperé dos días, 2, pero no caen.

He abierto cada bollito de papel cerrado y los pego con la mirada.

Juntos forman un mapa.

La casa está fuera del mapa.

Laura Gibilaro