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DOMICILIO DESCONOCIDO

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Número 45

¡¡Ka-boom!!

Envuelto en su sobretodo negro avanzaba Juan Carlos por Rivadavia, despacio más que sigiloso, buscando un kiosco dónde comprar puchos.

Miraba a derecha y a izquierda pero ese domingo nada estaba abierto.

Dobló por Esparza, ni un alma en la calle.

Unos metros más allá, Hugo esperaba a su novia en la escalera que era a la vez la entrada a un edificio que sobresalía por su fachada naranja. Hugo vio acercarse a Juan Carlos, se puso de pie, con una mano levantó el costado de su campera y comenzó a tantearse la cintura.

Juan Carlos se ajustó el lazo del sobretodo, metió las manos en los bolsillos y con la derecha empuñó algo a la vez que levantó levemente la cabeza, vislumbrando temeroso con el ojo izquierdo el semblante asustado de Hugo.

No detuvo la marcha pero su velocidad fue en un momento casi imperceptible.

A pesar de su esfuerzo, en pocos segundos estuvo casi frente a frente con el sospechoso. La novia de Hugo vio todo antes de traspasar la puerta del edificio y retrocedió para avisar a su padre -que bajó un minuto después, escondiendo el brazo detrás de su espalda-.

Muy cerca, a la altura del ascensor, la novia de Hugo apretaba contra su pecho un brillo negro-plateado. En la esquina opuesta y desde la vereda de enfrente, el policía que custodiaba la propiedad de un ingeniero y llegó a ver la escena, se calzó la gorra y emprendió una caminata veloz, sin correr ni trotar, en dirección al edificio de la novia de Hugo. El ingeniero cuya propiedad era cuidada por el policía, al notar que el oficial se retiraba de la puerta de su domicilio, salió, no sin antes revisar y vaciar en parte un cajón de la cocina. A las 15:48 de ese domingo se encontraron en la entrada del edificio donde viven los padres de la novia de Hugo, el mismo Hugo y su novia, el padre de la novia, Juan Carlos, el ingeniero y el policía.

Se miraron unos a otros buscando un culpable, se escrutaron la vestimenta, se imaginaron el resto y entonces…

Yanina Bouche