ODRADEK.COM.AR

DOMICILIO DESCONOCIDO

Buscar: Ingreso de usuarios registrados en RespodoTodo
 

Número 7

El estudiante

Faltan unos pocos días nomás, muy poquitos.

Me pasé el verano hablándole de lo que va a significar para todos nosotros -para toda la familia- ese momento.

Le expliqué que vamos a mantener viva la memoria del abuelo y del bisabuelo.

Le dije que ellos estarían muy orgullosos si lo supieran.

Y también le dije que de alguna manera, por supuesto, ellos lo saben. Todo el verano estuve hablándole de las gestas heroicas.

De esos años gloriosos que van del 72 al 76, de aquel 25 de enero del 78, de aquel 22 de diciembre del 83.

Pero él ya lo sabía, siempre lo supo.

El mismo día en que nació le compré esa camiseta tan linda, esa camiseta roja que tenía, en el pecho, la siguiente inscripción: “desde que nací amo estos colores”.

Claro que lo sabe, cómo no va a saberlo.

Sabe que ahora tiene una gran responsabilidad.

La responsabilidad de continuar los pasos del bisabuelo, del abuelo, del padre.

Se viene la cuarta generación -me cuesta escribir esto sin estremecerme, sin que me tiemble el pulso-.

Incluso, en unos años, empezará a sentir la necesidad de convertirse él mismo en padre.

Seguir el camino que comenzó, para nosotros, en el 41.

Ese mandato que se transmite entre hombres. Porque en defintiva, y no quiero ofender a las chicas, esta tradición es típicamente masculina.

Las mujeres pueden cambiar y en general cambian -se dejan persuadir por las preferencias de sus novios-, pero el varón nunca, jamás; se nace amando unos colores y se muere con la frente alta, soportando las derrotas, disfrutando los triunfos.

¿Qué son, en definitiva, los éxitos y los fracasos?, ¿acaso no son dos impostores? No me acuerdo quién decía eso.

No sé si fue el Pato, o fue el Chivo, o fue el Uruguayo, pero no importa.

Ahora él, mi Ponchi, va a entrar por la puerta grande, va a saludar a la bandera -roja-, va a levantar los ojos al cielo. Faltan unos pocos días.

Ya lo estoy viendo.

Lo estoy imaginando, en realidad.

Así: la remera, la mochila, los pelos aplastados, la insignia, CAI, cerca del corazón.

La frente alta.

Sonriendo cada mañana frente a los retratos de Bochini, de Outes, de Bertoni.

Aprendiendo de memoria la formación del equipo del 02, del 94, del 89.

Sí, lo veo.

Lo imagino.

Lo sueño.

Mi hijo empieza primer grado en la escuela de Independiente.

Ariel Bermani