ODRADEK.COM.AR

DOMICILIO DESCONOCIDO

Buscar: Ingreso de usuarios registrados en RespodoTodo
 

Número 42

Las aventuras del Chocolate Alberto

Era bastante de noche cuando por fin lo dejaron de mordisquear.

Hacía por lo menos una hora que se lo pasaban entre varios, un mordisquito cada uno, siempre con esos dientes sucios y llenos de sarro y tierra – eso, los que tenían dientes.

Después estaban los otros, a los que sólo les quedaban las encías y lo baboseaban un rato hasta que se volvía blando y podían tirar de él con la poca fuerza que les quedaba.

El Chocolate Alberto llevaba varios días muriéndose de calor abajo de uno de los duros y finos colchones llenos de pulgas adonde lo habían metido, y no veía la hora de intentar escaparse de una vez.

Era mejor eso que seguir a merced de ese hato de locos famélicos.

La semana anterior habían terminado con Macarena, la Baguette con Gangrena, cuando en una requisa muy tarde, de madrugada, los tipos de uniforme negro la encontraron tirada con descuido entre dos pedazos de madera que sobresalían del piso.

El plan lo había diseñado Arturo, el Caramelo Duro, una tarde en que pudieron juntarse un rato mientras sacaban a todos los pelados al patio para fumigarlos.

No era un plan muy elaborado pero era el único que tenían.

Consistía en tratar de esconderse adentro de una de las valijas que se amontonaban en pilas cada vez que venía un contingente nuevo.

Arturo estaba cada vez más flaco, producto de las chupadas que le daba – de noche y a escondidas - una nena rubia vestida con el mismo pijama que le daban a todos los que llegaban para alojarse en ese hotel berreta. Al Chocolate Alberto le importaba un carajo saber la razón por la cual tanta gente elegía ese lugar de mierda para pasar las vacaciones.

Esa noche era “la noche”.

Se envolvió un poco en el aluminio rotoso para esperar a que se hiciera la hora, y rogó por que Fido, el Gusano Estreñido, consiguiera las llaves de la valija más cómoda.

Adrian Drut