ODRADEK.COM.AR

DOMICILIO DESCONOCIDO

Buscar: Ingreso de usuarios registrados en RespodoTodo
 

Número 7

Un mundo de veinte asientos

No, no es de Claudio Levrino de quien quiero hablar hoy, sino de ese invento argentino que -como la birome o el dulce de leche- nos identifica: el colectivo.

En los últimos meses, mi vida transcurre más arriba de un bondi que en tierra, por lo cual he comenzado a quererlo, tanto como cuando niña quería a la escuela, “nuestro segundo hogar”, a decir de la Señorita Dora. Viajo en varias líneas: 60 (Constitución-Tigre), 29 (Olivos-La Boca), 46 (La Boca-San Justo), 64 (Barrancas de Belgrano-La Boca), 96 (Constitución-Isidro Casanova), y a veces -cuando me quedo dormida y llego tarde al trabajo¬combino con el 88 (Plaza Miserere-Cañuelas-Lobos).

Cada colectivo tiene su atractivo: buenos coches, buen recorrido, servicio rápido, semi¬rápidos, diferenciales, público variopinto, choferes simpáticos y otros muy malhumorados. He visto gente dormida hasta babearse (incluida quien escribe), miradas cómplices entre el conductor y alguna señorita entrada en carnes y de ligero vestir, carteristas sin escrúpulos, vendedores ambulantes sin vergüenza alguna de los productos que ofrecen “directo de remate de aduana”, mujeres que dejan de creerse jóvenes cuando suben y exigen el asiento, embarazadas apocadas que no reclaman su derecho sino hasta llegar a la última fila, a donde vamos a sentarnos los que -precavidos- no queremos pararnos cuando el ómnibus estalla de gente y olores. El mundo del colectivo no es como el del subte.

En algún punto aún inexplicable, es más rico, menos “fugaz”.

Uno va conociéndose, de a poco, con aquellos que encuentra en la parada a la misma hora, espera al coche que conduce alguien que contesta al “Buen día” “Buenas tardes” “Buenas noches” de rigor que emiten los pasajeros al subir, puede calcular en una competencia que juega consigo mismo cuánto le pone hasta el destino elegido, de acuerdo al horario y al tránsito del día (lunes y viernes, siempre hay que sumarle 5 minutos a la apuesta). En fin, como he estado por fuera de la realidad pedestre durante varias semanas, creo que iba de suyo escribir sobre lo que ha ocupado mis días casi tanto como el trabajo: el viaje en colectivo.

Vayan estas líneas como un homenaje… y córranse a leer al fondo, que todavía hay lugar.

Vanesa Pafundo