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Número 42

Los 50 añitos de Lucía

Faltaba un día para el cumpleaños de Lucía, y Roberto preparaba, sin que ella lo supiera, una fiesta muy particular.

Es que Lucía cumplía 50 y esa era una cifra importante, creía Roberto (a él le faltaban dos meses para cumplir la misma edad).

Ya eran graaaandes, pero Lucía era maaaaaás grande.

Esa mañana Roberto se levantó temprano para ir a la oficina: se lavó la cara con un dedo apenas húmedo, hizo caca y se limpió más o menos, después abrió el bidet bien fuerte para que el agua llegara al techo, le dio risa pero se rió bajito, para que no escuchara Lucía, que entraba un poco más tarde a trabajar.

Eligió su ropa, le gustaba hacerlo él mismo porque Lucía siempre le preparaba conjuntos aburridos.

Se puso la remera del Hombre Araña y los pantalones negros lisos, y en los pies las zapas de correr (unas negras y verdes que le aseguraban la mayor velocidad).

Roberto se subió a su super auto -le había agregado unos alerones de cartón que él mismo coloreó con sus plasticolas Giotto- y sentó a su muñeco de Ben 10 en el asiento de al lado; atrás puso su mochi de los Backyaridgans.

Arrancó, se metió por Rivadavia y como siempre se puso a tocar bocina, “tuuuu - tuuuu”, ¡qué fuerte que sonaba! Ya en el trabajo agarró sus tres sellos preferidos: el rojo, el amarillo y el azul, y empezó a sellar varios papeles como loco: pim, pum, pam, ¡le encantaba su trabajo! Luego tomó el teléfono y marcó cualquier número –ti ti tu ti tu ti ti tu-, no atendió nadie pero igual dijo “buenos días, soy Roberto, qué tal ¿bien? Ah bueno, que te vaya bien un beso grande eh” y colgó (hacía eso todas las mañanas).

Plantó algunos sellos más, hizo agujeritos con la agujereadora (muchos) y juntó los circulitos en una bolsita, pensó que el iban a servir para el cumple de Lucía.

También destruyó unos documentos importantes en una maquinita, y metió las tiritas en la misma bolsa.

Así se hicieron las cuatro de la tarde, hora de irse a tomar la leche.

Se sacó un moco que pegó en su pantalón, les tiró un beso volador a todos y juntó sus cosas en la mochi.

Fue bien rápido a casa en su super auto, se hacía pis. Cuando llegó se olvidó de que se estaba haciendo pis, es que tenía que preparar rápido la fiesta para Lucía, que llegaba en media hora.

Sacó todos los chiches del chichero y los desparramó por el comedor.

Agarró jamón, salchichitas, papas fritas y unas galles rellenas que abrió al medio para que Lucía accediera a la pastita blanca sin demoras, y dispuso la comida en la mesa, menos las salchichas que quedaron en el piso sin querer.

¡Pfff, qué lío! Aprovechó que estaba solo y gritó: “Pedo, culo, colita, mierda, pedo, pedote, cara de zapallo” y se mató de risa.

Sacó de la mochi la bolsita con los papelitos que había estado preparando toda la tarde en el trabajo y se escondió atrás del sillón.

Escuchó los pasos de Lucía, acercándose por el pasillo.

Justo ahí se acordó de las ganas de hacer pis.

Empezó a zapatear agarrándose el pitín.

Le gritó a Lucía “pará, no entres todavía”, pero Lucía no escuchó y entró igual.

Roberto se puso a llorar, “no quería que entres, buiiiiiiiii, no quería”.

Fue corriendo al baño porque ya se hacía y salió disparado con los pantalones por las rodillas y las manos llenas de papelitos.

“¡Feliz cumple!”, gritó, y revoleó el papel picado por el aire.

Ja ja ja, parece un loco el papel picado que se le metió en la oreja. Yanina Bouche

Yanina Bouche