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Número 41

Nitometrismos

Se sabe que la mejor literatura es la que muta, transgrede, se nutre de su propia época para travestirla, cuestionarla, ridiculizarla o, sencillamente, asesinarla.

Los recursos literarios son el refelejo de su tiempo.

Allí donde una kilométrica frase proustiana muestra toda su potente efectividad en virtud de su pertenencia a un momento en el tiempo, esa frase queda, en otro tiempo distinto, irremediablemente como un pez fuera del agua: boqueando, cianótica y al borde de la muerte. El nitometrismo (así denominado en homenaje a su creador: el semiólogo, literato, lingüista y cantante Nito Mestre) demuestra, sin embargo, el irreductible coraje del lenguaje para llegar como sea a tocar la fibra emotiva de todos aquellos que estamos dispuestos a no vegetar en el formol de lo probado. Ninguneado por la Academia, el recurso al nitometrismo es ya sin embargo parte de nuestro inconsciente colectivo.

Desde su aparición tibia, tímida, durante los primeros años setenta, y de la mano de dos adolescentes que intentaban enriquecer ese embrión embrutecido del primer rock argentino con una lírica propia de las obras selectas de la literatura universal, el nitometrismo se ha revelado como el pathos generador de una nueva sensibilidad. Tencon tráre unáma ñána, dentro démia bitación escande un desplazamiento meditado y recursivo en los modos de acentuación aliterada en tanto corrimiento distal. Lasalón drasyaes tánmuer tas, las mentés están desiertas (Distinto tiempo) revela el sórdido pelaje de la mentalidad pos- dictadura, tanto como la mirada esperanzadora de Hoytiré viejasó jasesás quehablabán delpasá dó (Hoy tiré viejas hojas).

Algunos – pocos – supieron en su momento distinguir el genio y hacerlo propio.

Esoesun gran fan tasma, creádopor gené raciones pasadás (La colina del a vida) destila el temor de lo inasible, mientras que Ellósescrí benlas cosas, y yoles pon go melódia y ver só (Para quien canto yo entonces) se pregunta acerca de la futilidad evanescente de lo literario. Como fuera, el nitometrismo es – sin dudas – el gran silenciado de nuestro tiempo.

Un silenciado que en esta época de sordera y engorde de creadores subrepticios, suena, paradójicamente, más fuerte que nunca.

Adrian Drut