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Número 40

Temporada de patos. Temporada de conejos.

“Nosotros no festejamos la nochebuena: somos judíos.

La mitad de nuestra familia murió en los campos de concentración.

Nosotros festejamos el cumpleaños de tu Memé, de tu abuela”.

Eso respondía mi padre cuando yo preguntaba por qué no había un árbol de navidad en casa y por qué no nos juntábamos con toda la familia como los demás.

“Nosotros no festejamos Roshashaná, ni el Día del Perdón, ni nada de eso: somos judíos.

Pero no de esos judíos.

Pero para los nazis somos judíos como esos”.

Eso respondía mi padre cuando yo preguntaba por qué – si éramos judíos – no íbamos a la iglesia...

la iglesia de los judíos (se dice “templo”, me decía él).

“No somos religiosos, pero somos judíos.

Judíos ateos”.

(Y en sus labios eso sonaba muchísimo peor que ser sólo “judío”). Entonces...

¿no tenemos salvación? -pensaba yo - Somos judíos...

pero no religiosos.

Y tampoco festejamos nochebuena...

¡Eso sólo puede querer decir que no tenemos salvación! ¿Me voy a salvar si muestro el documento de mi abuela? Ella de verdad nació un 24 de diciembre.

Eso tiene que servir para algo, ¿verdad? Quiero decir...

no es mi culpa que no festejemos la nochebuena. ¿Me voy a salvar si muestro la estrella amarilla en el documento de mi abuelo? Eso tiene que servir para algo, ¿verdad? Quiero decir...

para los nazis fuimos todos igual de judíos, incluso si no éramos de “esos”. Un 24 de diciembre no fui al cumpleaños de mi abuela.

No fui a “no festejar la nochebuena porque somos judíos, pero no de 'esos judíos'”.

Ella tenía 18 años y un sublime par de tetas, pero como además era judía pensé que la familia me disculparía.

Fue el mejor 24 de diciembre de mi vida, pero el Dios cristiano y Jehová me maldijeron para siempre.

Al año siguiente mi abuela ya no estaba, y entonces todo comenzó a ser diferente.

Fue el momento en que las cosas empezaron a cambiar.

Los alfajores pasaron a ser “minitortas”, las gaseosas abiertas hacía dos días pasaron a ser “finamente gasificadas”, los gerentes se convirtieron en “CEO's”, un simple vendedor se convirtió en un “ejecutivo de cuentas”.

Fue el momento en que – muy tímidamente - la mejor literatura pasó de los libros a las series de TV, y los capítulos se convirtieron en “temporadas”.

“Dios nos odia a todos”, escribieron los guionistas para que Hank Moody tuviera su primer y único éxito de ventas.

Pero yo ya lo sabía desde antes.

Desde que los 24 de diciembre se convirtieron sólo en un cumpleaños que no se festeja más, y en la imagen borrosa de las tetas de una tonta chica judía.

Adrian Drut