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Número 40

Eyaculación precoz

Una tarde Don Gervasio Navarta me relató una confesión, eso creí al comienzo.

Sin reparar en la vecindad de mesas dijo que él era el santo de los eyaculadores precoces.

Para no reírme sobre el pucho de la confidencia intenté repasar la formación de Vélez campeón del 94: Chilavert, Almandóz, Sotomayor… Cuando creí alcanzar el pesado ataque del fortín, una verdadera proeza del dislate, solté un breve pero consistente bufido de saliva que llegó hasta la ventanita y fue bajando como una gota de lluvia, pero del lado de adentro.

-¿De qué te reís? – dijo, golpeando la mesita.

El jarrito tambaleó y fue a volcarse sobre unos ejemplares que mi compañero había apoyado del lado del mirador.

Quise explicarle: -Es la primera vez que me pasa –mentí.

Don Gervasio sonrió debajo del bigote amarillento.

Me reveló que la suya era una precocidad retórica y que aquel era motivo por el que nunca había podido escribir una novela.

-Escribo cuentos por una simple disfunción.

Envidio a esos tipos que pueden sostener la vela durante mil quinientas páginas, dilatarse en descripciones y anotar sucesiones de diálogos sin sentir culpa por el tiempo.

Me dijo que podía, no siempre, extenderse en detalles al comienzo de sus escritos, pero que en un momento preciso de la escritura lo invadía una ansiedad fulminante, un rayo que lo empujaba a terminar con el asunto, allí donde el lector prefiere algún goce, entradas y salidas, ciertos vaivenes.

Comencé a sentirme humillado por su historia: él estaba narrando mis propias frustraciones y creí que su confesión era en verdad una burla que tenía asiento en el material fotocopiado que yo le había acercado. Quizá por haber sacado su tajo, don Gervasio pidió la cuenta, se despidió y lo vi alejarse por Montevideo.

Yo permanecí quieto observando la lenta presura de la gente en la avenida, con la inquieta figuración que hubiese podido narrar algunas carillas más sobre este verde asunto.

Contar sus gestos, sus ojos o la enorme macha en el mantel colorado.

Uriel Bederman