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Número 39

Washington Sondon y el regreso de Concha Rayada (parte III)

VII -¿Usted cree que si le tendemos una trampa en la casa de la periodista podremos atraparla?-interrogó Fraga a Sondon. -No.

Es obvio que no la va a matar en la casa – contestó el detective. -Pero sin embargo a la primera víctima la asesinó en su domicilio-refutó Canabro. -Claramente no era su domicilio aún.

Había libros apilados por doquier-explicó Sondón. -Eso no indica nada.

Yo tengo en mi casa muchas revistas apiladas en distintos lugares-insistió Fraga. -En primer lugar eso indica que usted es un pelotudo.

No va a compara el tratamiento que le puede dar a un libro un ignorante de mierda como usted con el tratamiento que le daría alguien que se dedica a la literatura.

Es obvio que ese domicilio era transitorio para ella-perdió la calma Sondon. -Entonces estamos perdidos-se lamentó Fraga. -Tenemos que buscar la nueva pista que el delincuente debe haber dejado en el interior de la víctima –murmuró Sondon al mismo tiempo que la camioneta de la morgue se arrancaba con el cuerpo. VIII -Envenenamiento.

Encontramos restos de kerosene, endulzantes artificiales, ácido sulfúrico, ron, acetona, colorante rojo Nº2, aceite para ejes y ácido de baterías- informó Samudio leyendo el informe de la autopsia. -Murió al instante ¿no?-preguntó Canabro. -Y, con todo eso en el estómago…-dio a entender el forense. -¿No sacaron al gato aún de la ventilación?-preguntó Fraga mientras se tapaba la nariz con un pañuelo para combatir el mal olor. -No.

Y ahora el personal de mantenimiento está de paro, así que tenemos para rato- contestó Samudio.

Mientras tanto Sondon se acercó al cuerpo, sacó su navaja, escarbó en las entrañas del difunto y extrajo un papel con un mensaje. -“Él o lo que mató acá matará allá.

Busquen al mejor, pero no se encandilen”-leyó en voz alta Sondon.

Inmediatamente agradeció al Samudio y salió de la morgue.

Fraga y Canabro se miraron sorprendidos y sin decir nada siguieron a Sondon. IX Los tres entraron a la oficina en el octavo piso de una importante torre.

Sentado con la mirada fija en el suelo, Román Murias, el famoso representante de estrellas les señaló a los policias una gran caja que había a su izquierda.

En su interior, el cuerpo de la periodista, todo pintado de verde.

-La puta madre.

Volvimos a llegar tarde –se lamentó Canabro. -Ganemos tiempo.

Vamos a despansurrar al fiambre ahora así le sacamos la pista-dijo Fraga mientras se acercaba a la caja. -No.

Hay reglas Fraga.

Tiene que intervenir Samudio primero-lo detuvo Sondon. -¿Qué reglas? ¿Desde cuando son tan importantes las reglas?-insistió Fraga. -Si no fueran tan importantes, hace rato que te hubiera cagado de un tiro, mocoso de mierda- le explicó.

Fraga comprendió. -Bueno, ustedes quédense acá hasta que vengan a buscar el cuerpo.

Nos vemos en un par de horas en la morgue.

Yo tengo algo que hacer-dijo Sondon y abandonó la oficina.

Mariano Quintero