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DOMICILIO DESCONOCIDO

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Número 38

Grandes entrevistas de la Literatura (1) María Martha Gigena: Perífrasis, prefiguración y whisky de importación.

La barra del bar irlandés en donde me ha citado está casi desierta.

Son las dos de la madrugada de un viernes y apenas tres o cuatro parroquianos resisten delante de sus respectivas copas a medio beber.

Afuera, en los bares aledaños, bulle la algarabía y el desenfreno.

Pero en este reducto del barrio al que llaman “el Bajo”, en los márgenes de esta mítica París austral conocida como Buenos Aires, la tranquilidad es crispante. “A Liam le gusta así”, me dice MM apenas me siento en uno de los taburetes.

Y una mirada basta para confirmar que, en efecto, el hosco barman recibe con desconfianza a cualquier visitante que no sea habitué del lugar.

Tanto más si el inoportuno intruso porta acento castizo, como un servidor.

Está claro que el hombre preferiría con mucho que me fuese a tomar por culo.

– No la hagamos muy larga gallego –me dice MM, mientras apura su sexto vaso doble de Jack Daniel's con la ligereza de quien se zampa un módico chupito. P: Acabas de recibir un premio de la prestigiosa Rita Hayworth Science & Literary Foundation, ¿Cómo te sienta eso? MM: Es un premio berreta inventado por minas, para minas que escriben cosas de minas.

No le doy mucha bola.(*) P: Ya...

Pero sin embargo han premiado las increíbles ventas de tu último libro “Betty y la anadiplosis de fuego”, traducido a dieciséis idiomas y que sólo en España ha vendido más de dos millones de ejemplares... MM: Mirá gaita –comienza, con ese seductor acento porteño y, mientras, hace señas al venerable Liam, quien va a por la botella de Jack Daniel's una vez más– lo de Betty fue medio de pedo.

El personaje se me ocurrió una noche en que trataba de escribir mi tesis sobre Gómez Bolaños y no me salía un carajo.

Harta de la academia tiré todo a la mierda, me tomé una pepa(**) y acá estamos. P: De seguro tus antiguos profesores estarán orgullosos de tu desempeño... MM: ¡No me hablés de esa manga de mamavergas! -se altera MM, mientras le atiza con un plato de papas fritas a una camarera que sin querer la roza al pasar– A todos esos que me rechazaron los trabajos y me rompían las pelotas porque faltaba a las clases de doctorado yo les digo: ¡sóbenla pajeros! ¡A Betty no se la ponen! Intento continuar la entrevista, pero Liam estalla en carcajadas junto con MM y los dos o tres parroquianos que han seguido la charla con atención.

Uno de ellos cae de su butacón.

MM le vacía el resto de su copa en la cabeza y este cronista tiene la impresión de que la noche no ha hecho más que empezar.

Sin llamar la atención me escabullo hacia la puerta intentando recordar el camino de regreso a mi hotel, con la clara sensación de que la verdadera literatura latinoamericana actual está hecha con noches como ésta. (*) No dar bola: Del porteño “no dar bolilla”.

No prestarle atención a alguna cosa o a alguna persona.

Corresponde más o menos al “me la trae floja” español.

(**) Pepa: De “pastilla”.

Apodo característico del argot porteño para designar al ácido LSD u otra droga alucinógena de diseño.

No confundir con las pilulas o las papelinas españolas.

Adrian Drut