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DOMICILIO DESCONOCIDO

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Número 7

Amor Fraterno

La primera señal que tuvimos fue el olor a pis viejo que despedía la ropa de Celia.

A partir de ahí, estuvimos alertas.

Conocemos bien estos procesos.

El descuido por la higiene personal es el comienzo.

En forma gradual Celia empezó a decaer y con toda naturalidad comenzaron a manifestarse los otros signos que esperábamos: pérdida de peso, mirada vidriosa sin parpadeo; además de objetos que aparecían guardados en lugares equivocados y las hornallas de la cocina encendidas sin sentido.

Ahí mismo asignamos las nuevas tareas que en breve nos ocuparían.

Hasta que llegó el día en que Celia dejó de caminar y ya no pudo levantarse.

Nos organizamos enseguida.

De eso sabemos.

No hay como la experiencia.

Habíamos cuidado a nuestra madre hasta hacía poco; los cinco; en esa época Celia formaba parte del equipo.

Esa vez el Dr.

Peralta nos felicitó: ni una escara, nunca un olor desagradable emanando del cuerpo.

Igual que ahora con Celia.

Todo tiene que ver con saber organizarse.

Nos complementamos bien.

Esta vez ya teníamos todo planeado de antemano.

Somos previsores y nos entusiasma la idea de renovar la rutina de todos los días con otras obligaciones.

Cada uno debe cambiar de posición a Celia dos veces al día, y acomodarle bien las almohadillas entre las zonas del cuerpo que se rozan y pueden producir llaga.

Los pañales deben cambiarse entre cuatro y c inco vece s durante el día y a la noche hay que estar revisándola a cada rato porque la acidez le quema la piel.

La limpieza del cuerpo nos lleva tiempo.

Pasar el algodón embebido en agua de azahar por toda la piel y detenernos un buen rato en los dedos de los pies.

Parece mentira cómo se ensucia un cuerpo que no se mueve de la cama.

Lo más importante es que estamos juntos.

¿Qué más podemos pedir? Ninguno de nosotros sabe lo que es sufrir de soledad porque siempre, y digo siempre, hasta cuando dormimos, estamos acompañados.

Nunca quisimos cuartos individuales, aunque la casa puede brindarnos esa comodidad.

Para qué, si es tan hermoso tenernos cerca.

Hace un tiempo decidimos anular el sector del primer piso.

Ya no estamos para subir y bajar escaleras.

Los años se sienten en el cuerpo. Anoche Celia respiró con dificultad.

Ya sabemos que se acerca el final.

En breve cada uno volverá a sus tareas de siempre.

Desde esta mañana nos perseguimos unos a otros con disimulo por la casa.

Nos husmeamos con la esperanza de descubrir algún indicio de un olor que anticipe un nuevo cambio en nuestra rutina.

Daniela Vestri