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Número 38

Roberto Gárriz y el enigma del líder

Cuando, hace algunos años, la editorial De la Flor descubrió en Roberto Gárriz a un narrador irónico, con una prosa refinada, nadie hubiese adivinado al futuro indagador de los enigmas del liderazgo. Las tetas de Perón se presenta con la máscara de la liviandad pero entrelíneas podemos leer la angustia que provoca el enigma, la oscura pregunta suscitada por el líder con sus atributos maternos que parecen prometer la tibia saciedad de un pueblo unido a su figura por lazos invisibles, por redes que son el rizoma de la Patria.

Por algo Eduardo Mallea, mucho antes que Deleuze y Guattari, recurrió a la metáfora del rizoma para presentificar en el lenguaje la argentina invisible.

Fue en el año 1937, por eso el líder no aparece en sus elucubraciones. Pero a diferencia de Eduardo Mallea, el joven Roberto Gárriz escribe después de la muerte de Perón y esas tetas que lo interrogan siguen, como las de la santa difunta, siendo el privilegio no sólo de los niños, porque están a disposición de un pueblo. Para muchos será fácil responderle a Roberto Gárriz que se trata de palabras, que al querer develar puede ofender, que no existe ningún enigma.

Como si previera esta objeción el libro no oculta lo que propone, como tampoco se oculta en lo que pone.

Dice lo que dice.

Es verdad que algunos críticos leyeron el libro como una variación de Las tetas de Tiresias, la escandalosa obra estrenada en 1917 por Guillaume Apollinaire en París.

Allí una mujer, Teresa, se convierte en Tiresias (El oráculo de Tebas que fue alternativamente hombre y mujer) para luchar por la igualdad, lucha que parece anticipar la del propio Justicialismo.

Sin embargo, son contextos y épocas muy diferentes aunque el oráculo de Tebas pueda relacionarse con la clarividencia de nuestro líder, el General Perón. Una diferencia sin atenuante: Teresa es antimilitarista mientras que nuestro líder exigió que se le devolvieran sus atributos militares y asumió su último gobierno con las insignias correspondientes. Fue y sigue siendo el General Perón, lo que vuelve a dejarnos frente al enigma que presentifica su función andrógina, capaz de funcionar como padre y como madre, como bien lo muestra la obra de Daniel Santoro al transformar en imágenes ese pasado donde una utopía pareció realizarse y desaparecer antes de que los beneficiados se dieran cuenta de lo que habían vivido. “Yo, Tiresias, viejo de tetas arrugadas/ví la escena y predije el resto”, dice Eliot en su poema Tierra baldía.

Esa fue, también, la escena que vio Perón al retornar.

Y el resto lo predijo porque traía el dibujo de ese futuro.

Los hijos de aquellos que había saciado, saciados a su vez en el recuerdo, parecían querer adivinar al adivino, parecían querer realizar sus propios oráculos.

Eso no ocurriría, como lo muestra Las tetas de Perón, el libro en donde el joven Roberto Gárriz logró describir en una epifanía personal el futuro de una comunidad.

Germán García